Neymar, con su padre, en el palco del Parque de los Príncipes
Neymar, con su padre, en el palco del Parque de los Príncipes
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Fue a finales de la pasada primavera, y nadie en Concha Espina se lo esperaba. Sin que hubiera ningún tipo de contacto previo (a diferencia de los que sí tuvieron lugar en el pasado), Neymar Jr. y su padre rondaron al Real Madrid para poner en conocimiento de la entidad blanca que el futbolista quería abandonar el Barcelona durante el verano de 2017 en busca de nuevos desafíos.

No hubo más explicaciones. Pero los Neymar ofrecieron los servicios del futbolista al Real Madrid. Y Florentino Pérez, quien llevó personalmente la negociación, dio el “sí, quiero”. El Real Madrid, quien tiene potencial económico de sobra para acometer una operación de este calado sin necesidad de jeques, preparó los 222 millones de la cláusula de rescisión de Neymar y paralizó el resto de operaciones de mercado en marcha: el brasileño, un filón económico a la altura de Cristiano Ronaldo y Messi, era la guinda para el pastel de las 3 Champions en cuatro años. 222 millones listos para ser desenfundados.

Pero a la hora de la verdad, con el final de la pasada temporada, los Neymar, por tercera vez con el Real Madrid, se asustaron. Eso de cambiar el Barcelona por el Real Madrid, con las consecuencias que podría acarrear para su imagen, puso freno a la operación. Y punto y final. O más bien, punto y seguido. Florentino, un extraordinario amigo de Nasser Al-Khelaïfi, propietario del París Saint-Germain, le telefoneó y le puso sobre aviso: “Neymar quiere irse del Barcelona y cuesta 222 millones. Es tu oportunidad”. Dicho y hecho. Si no puedes deblitar a tu enemigo, que lo haga un jeque amigo.

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