La contracrónica: Ceballos y el sitio de mi recreo

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Lo dije un día aquí, pero lo voy a repetir una y mil veces: ojalá hubiera tenido la suerte de contar -en las pachangas que jugábamos en el patio de mi colegio- con Dani Ceballos en mi equipo. Hubiera ganado aún más partidos de los que gané. Me hubiera podido quitar la dichosa bata azul -cada vez que marcaba- aún más veces de las que me la quité y hubiera podido celebrar -en la esquina donde se sentaban todas las chicas a mirarnos con su zumo de melocotón- muchos más goles de los que celebré.

Ver jugar al de Utrera es muy divertido, muchísimo. Aunque también te pone algo tenso, eso sí. Le encanta arriesgarse en cualquier zona del campo, pero esas fatiguitas son muy necesarias de vez en cuando para mantener vivo a un corazón que esta temporada, con este Madrid, tiene que estar preparado para absolutamente todo. Hoy, sin ir más lejos, se nos ha parado dos veces: en el minuto 71 y en el 76. Un larguero y un poste. Querido Alfonso Pedraza, ¡te debemos una!

Normalmente, los recreos escolares son siempre de 20 o 30 minutos. Y, ¡claro! En tan poco tiempo tienes que hacer de todo para seducir tanto a la que se sienta al lado tuyo en clase como a la que va después de ti en esa lista ordenada alfabéticamente. En este caso, Ceballos tenía que seducir solo a una persona, pero le ha tocado una muy exigente: Zidane. Hoy debutaba como titular y sabiendo lo caro que está jugar en este equipo, tenía que hacer mucho y bien. Defender y atacar. Recuperar y marcar. Y lo ha hecho. ¿Por qué? Porque los andaluces son ‘asín’ de osados y descarados.

El bueno de Daniel se marcha hoy a casa borracho de fútbol con 2 goles y alguna bicicleta de más. Tiene solo 21 años, uno menos que yo, así que todavía está en edad de ir a los parques municipales a jugar a fútbol con zapatillas sin suela, con un cordón de cada color y con el pantalón del equipo del barrio. Os dejo ya, voy a buscarle. Quizás tengo suerte y le encuentro.

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Mientras intentas descubrir algo más sobre mí en estas líneas yo me ando paseando por algún lugar de Barcelona con el escudo del Real Madrid en el pecho. Desconozco si soy un valiente o un imbécil, pero me excita. Son tantos los que me miran mal como los que empatizan conmigo. Así que si algún día desaparezco que sepáis que o me han matado a palos o a besos. Y si eso ocurre… ¡Que nos quiten lo escrito y leído por aquí! Eso sí, ¿hablaréis bien de mí, no? ¡Más os vale!