La contracrónica: Isco voto SÍ

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No ha pactado nada. Llegó al Bernabéu con firmeza y votó. Un ‘Sí’ rotundo. Así es Francisco Román Alarcón Suárez, un malagueño que impone su propia ley con el balón en los pies. Cuando quiere y le apetece, pone el fútbol a su merced. Y ese deporte, enrolado en sus botas, es cada vez más bonito. Entre otras cosas porque cada día le apetece más.

Hoy era un día complicado para toda España. Difícil, seas del bando que seas, dibujar una sonrisa en tu rostro. Pero resulta que el fútbol, pienso, está para eso. La mejor vía de escape. Aunque sean solo 90 minutos de nada, lo olvidas todo. Dejas tus ‘qués’ y tus ‘cómos’ para centrarte únicamente en ver si hoy la pelotita entra. Tu sonrisa, si eso sucede, está garantizada. Sonreír, algo que era imposible en un día como hoy, el fútbol lo hace fácil. El Madrid lo pone fácil.

Te alegras y eres feliz cuando marca Isco el primero, pero cuando comienza la segunda parte comienzas a ponerte nervioso porque parece que el Espanyol puede hacer que termines tu día todavía peor de lo que ya estabas. Sin embargo, como un analgésico, vuelve Isco para votar ‘Sí’ y volver a gobernar tus emociones bajo el amparo de su ley.

Así que gracias Isco y gracias Madrid. Más que nada, porque pienso que los madridistas en Catalunya -especialmente- hoy te necesitábamos más que nunca. Y, como buen termómetro de felicidad que eres para nosotros, nos vamos a la cama con fiebre de ti. Dicen que el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes y probablemente tengan razón. Ahora bien, el Madrid es mucho más que eso.  Al menos para mí.

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Mientras intentas descubrir algo más sobre mí en estas líneas yo me ando paseando por algún lugar de Barcelona con el escudo del Real Madrid en el pecho. Desconozco si soy un valiente o un imbécil, pero me excita. Son tantos los que me miran mal como los que empatizan conmigo. Así que si algún día desaparezco que sepáis que o me han matado a palos o a besos. Y si eso ocurre… ¡Que nos quiten lo escrito y leído por aquí! Eso sí, ¿hablaréis bien de mí, no? ¡Más os vale!