RM 3 – 0 EIB: Los funcionarios de Zidane

Paulo Oliveira en propia meta, Asensio y Marcelo aprovecharon tres de los cinco chispazos de los de Zidane en el partido. El Madrid no hace nada mal, pero le cuesta horrores que algo le salga muy bien

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Ganar 3-0 puede dar idea de que fue un aplastamiento, pero en absoluto. El Real Madrid derrotó (3-0) al Eibar ofreciendo su cara más funcionarial, la que siempre le sale en casa, el de la pereza por ir a trabajar y, nada más llegar a la oficina, estar pensando en que llegue la hora y volver a casa. Apenas tres chispazos le bastaron a los blancos para liquidar el partido, pero el juego sigue dejando mucho que desear.

Si los onces que idea Zidane saltaran al césped del Bernabéu con gafas de metal redondas, un jersey de pana de las rebajas y una carpeta bajo el brazo no pasaría nada. Parecerían azafatas del Un, Dos, Tres, pero su labor funcionarial seguiría siendo la misma y tendrían un look más propio que el del uniforme blanco que llevan. Porque este Madrid es así. Lo del gafe del Bernabéu es simplemente lo que siempre se ha llamado la Ley del Mínimo Esfuerzo, aquí pongo sellos y para todo lo demás, en otra ventanilla.

El equipo blanco puso tres sellos en el primer tiempo. El primero, nada más fichar y antes de ir a por el café del desayuno: Isco se plantó ante Dmitrevic y le pringó de tinta las manoplas. Luego llegaron dos más: un centro aéreo de Asensio lo cabeceó Paulo Oliveria contra su propia meta. El primer tanto de cabeza del Madrid este curso se lo marcó un rival en su portería. Así son las cosas, que a veces se extravía un expediente y te lo encuentra quien menos esperas. También logró la firma que faltaba para acabar con un papeleo Asensio, quien tras unos partidos más que desaparecido al menos encontró el gol, tras un gran pase de Isco.

El resto fue casi nada. Las rotaciones de Zidane dotaron al equipo de un tono gris plomizo porque es verdad que el Madrid no hace nada mal, pero le cuesta un mundo que le salgan las cosas más que bien. Y eso es lo que le separa de aquella palanbra tan en boga hace no demasiado: la excelencia. El Eibar opuso orden pero se encontró con un Charles que siempre, siempre, eligió mal en las jugadas de ataque, para desesperación de un Inui al que se le notan menos los enfados porque lleva los ojos chiquitillos de serie.

No mejoraron mucho las cosas en la segunda parte. Pim, sello por aquí; pam, vuelva usted mañana; pim, le falta el impreso B-765; pam, sin la firma de su esposa esto no tiene validez. Ceballos le puso ganas, extraordinariamente pulcro, pero nada aventurero. Al revés que Theo, demasiado desbocado pero sin marcar ninguna diferencia destacable.

El Madrid es tan funcionarial, además, como los inmensos cabreos de Cristiano Ronaldo cuando no marca. El portugués se fue encendiendo hasta que una ocasión marrada por Isco de nuevo en mano a mano ante el portero armero, otra inusitada salida de guión, le desbocó del todo. Cada balón que llegó a sus pies desde entonces fue un él contra el mundo, algo que no siempre sale pero que al menos, gracias a su voracidad, entretiene, cosa de agradecer.

También entretiene, porque es un polvorilla, Marcelo. Por su profundidad, por su capacidad de desborde y de sorpresa y por sus lagunas defensivas. Esta vez salió cara, y el brasileño marcó un golazo para ponerle el broche final a otro día en la oficina. Una oficina que al menos, esta vez, echó el cerrojo con tres puntos a buen recaudo.

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Yo vi jugar a Del Bosque, así que llevo unos cuantos años yendo al Bernabéu. Socio desde 1986, mis recuerdos van ligados al Madrid del Di Stéfano entrenador, el de los cinco subcampeonatos, que me forjó en madridismo ante los malos tiempos, y al de la Quinta del Buitre, la poesía y las pelotas hechas fútbol. Desde 1996 dando la barrila en esto del periodismo deportivo, aunque hace años que es mi hobbie y no mi profesión.

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