La contracrónica: En el precipicio de nuestra grandeza

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Cuando te tiras dos meses diciéndole al fútbol “¡No voy a hacer nada por ti!”, es él quien más pronto que tarde te contesta demostrando que cuando tú vas, el viene de ahí. Tras el baile al Barcelona en la Supercopa de España, el equipo dijo basta. Necesitaba descansar de jugar bien. Incomprensiblemente, decidió asomarse al precipicio de su grandeza.

Cuando ganas tanto, tantísimo, tienes dos opciones. La primera es no tocar la pócima secreta y seguir bebiendo de ella para continuar haciendo lo mismo: ganar. Ahora bien, la segunda opción es tocar los pies en el suelo y pensar: “Vale, lo he ganado todo muchas veces, soy la auténtica leche, pero en el paraíso también hay manzanas peligrosas que pueden hacer tiritar nuestra felicidad”. No tengo ni la más remota idea de cuál es la decisión correcta, pero sé a ciencia cierta que el Real Madrid ha escogido la primera.

Zidane tenía una plantilla magnífica, inmejorable, pero había piezas que solo tenían ganas de huir de ese paraíso. Era demasiado bonito para que ellos triunfarán ahí. Tenían que hacer demasiadas cosas bonitas para que a ellos se les tuviera en cuenta ahí. Pongamos nombres: Morata y James. Ambos, en muchos momentos, vistos como dos tristes costillas que piden clemencia tras una barbacoa. Ahora bien, resulta que en los edenes, con una de esas costillas, se pueden hacer Evas, se puede triunfar.

Ya no están y parece que llorarles tanto es demasiado ventajista por mi parte. Y más cuando pensaba allá por agosto, allá por los golazos de Asensio, que solo nos echarían de menos ellos, no nosotros. Pero, ¿sabéis a quién echo mucho más de menos? A los que están, a los que no se fueron, a los que decidieron quedarse para seguir con arrebatos de historia y por el momento solo nos están provocando ataques de histeria.

Necesitamos que vuelva a acertar Zidane, a bailar Marcelo, a facturar Ronaldo, a inventar Modric, a organizar Kroos, a equilibrar Casemiro y a respirar Benzema. Les necesitamos a ellos y a todos. Entre otras cosas porque el Real Madrid no se lleva bien con la derrota y lleva dos seguidas. Y si te juntas con alguien que te cae mal, corres el peligro de pelearte. Y si te peleas, puedes acabar mal. Y si acabas mal, no eres el Madrid. Y si no eres el Madrid, como parece ahora, tienes un problema gravísimo. ¡Soluciónalo!

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Mientras intentas descubrir algo más sobre mí en estas líneas yo me ando paseando por algún lugar de Barcelona con el escudo del Real Madrid en el pecho. Desconozco si soy un valiente o un imbécil, pero me excita. Son tantos los que me miran mal como los que empatizan conmigo. Así que si algún día desaparezco que sepáis que o me han matado a palos o a besos. Y si eso ocurre… ¡Que nos quiten lo escrito y leído por aquí! Eso sí, ¿hablaréis bien de mí, no? ¡Más os vale!