KRA 0 – 0 JUVA: Moha Ramos se presenta en sociedad

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Se llama Mohamed Airam Ramos Wade, y pese a la multitud de reminiscencias de cualquier lado que puede tener su nombre es tinerfeño. Y portero. Porterazo, más bien. El fornido y formidable arquero chicharrero, desde 2014 en Valdebebas, fue el gran héroe de la clasificación del Juvenil A a los octavos de final de la Youth League al detener los tres lanzamientos que le dispararon en la tanda de penaltis después de que el partido acabara en empate (0-0). Su agilidad y explosividad dejaron infranqueable la meta blanca, que espera rival en el sorteo del viernes (13:00).

El partido tuvo todos los ingredientes para ser una final de Copa de Europa. Un estadio abarrotado con 32.510 espectadores (para presenciar un encuentro de categoría Sub-19), una eliminatoria a partido único que se iba a decidira cara de perro, los dos máximos goleadores de la competición (Ignatyev y Dani Gómez) sobre el campo… Y el encuentro no defraudó. Los locales, repartiendo muchísima leña y amparados en el miedo escénico que tuvieron los de Guti en el inicio del encuentro, algo normal ante tamaño escenario, marcaban el ritmo del partido ante un Madrid que sin Miguel Baeza sobre el campo sufría de lo lindo en las transiciones. Augusto Galván apenas entraba en contacto con el balón, Óscar y Martín Calderón no la olían al estar en inferioridad numérica y César y Alberto se dedidaban a hacer la guerra por su cuenta.

Afortundamente para los de Guti, el cuarteto defensivo rayó a una altura elevadísima durante todo el encuentro, maniatando a Ignatyev (quien se mostró más un clon de Suárez y Costa por sus acciones muy por fuera del Reglamento que por el halo de magia que decían tenía su fútbol) y poniendo cerco a todos los ataques del equipo ruso. Poco a poco, y a través de esa solidez defensiva, el Madrid se fue soltando. Primero, porque encontró a un Martín Calderón que es un futbolista de auténtico escándalo. Y a través del jerezano todo fluye mejor.

El Madrid comenzó a tener ocasiones ante la meta de Safonov, pero tampoco demasiado claras. Mientras Moha, al filo del descanso, deshacía un entuerto en el que el mismo se metió al intentar atajar con una palomita a contrapié una mala salida: el balón acabó pegando en el poste y dejando claro que los hados estaban del lado del canario.

La segunda mitad fue una exhibición de los blancos. Álex, Sergio, Dela y Zabarte cortaban todas las incursiones rusas, Martín dominaba el centro del campo como el salón de su casa y sólo la mala fortuna de un negado Dani Gómez ante el gol y el individualismo de César y Alberto, se partieron la cara por el equipo pero deben aprender a soltarla antes, impedían que el Madrid fuera por delante. Óscar tuvo un día gris, y ni siquiera anduvo acertado a balón parado.

La entrada de Miguel Baeza en el Juvenil A blanco desató aún más la presión sobre la meta rusa, que se salvó de perder en el tiempo reglamentario de auténtico milagro: hasta tres ocasiones clarísimas tuvieron los de Guti para adelantarse en los cinco últimos minutos de partido, pero el balón no quería entrar. Y si el balón no quería entrar, Moha decidió que en la tanda de penaltis, en su portería, tampoco. Y se paró los tres lanzamientos de los rusos, a lo Duchadam con el Steaua ante el Barça en la final de la Copa de Europa de 1986. Si Moha quiere, puede ser un portero de época. De momento, ahí queda esa tarjeta de visita.

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