La contracrónica: El amor siempre gana

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Cuando repito una y mil veces que el Madrid es más grande que el fútbol, es por algo. No es solo por los ataques de prepotencia que tengo de vez en cuando, que también; porque los tengo, lo reconozco. Pero, realmente, lo digo porque lo creo de verdad. Lo que ha sucedido hoy en el Bernabéu es muy difícil de explicar. No es fútbol. No tiene nada que ver con eso. Es algo más. No sé si llamarlo amor, ficción, fantasía o algo parecido, pero voy a intentar explicarlo. No prometo nada.

Nosotros lo sabemos. Todos. La afición, los jugadores y el cuerpo técnico. Suena el himno de la Champions y cambiamos. No sabemos porqué, pero pasa. Es como el timbre del recreo para los niños de la escuela: distracción, alegría, liberación, juerga. Es decir, fuera problemas. Es indiferente lo mal que lo estuvieras pasando justo antes. Todo cambia. El Bernabéu se convierte en un mundo paralelo en el que impera la irracionalidad, la locura y los “porque sí y punto”. La justicia, la estrategia, la técnica, la táctica y la madre que los parió, quedan en un segundo plano.

Sinceramente, no sé qué pasará el 6 de marzo en París. No quiero saberlo. No me interesa ahora mismo. Lo único que sé es que el día de San Valentín, el amor volvió a triunfar. El idilio que existe entre la Copa de Europa y el Real Madrid es inexplicable. Pero por ambas partes. Nosotros hemos tomado la decisión de matar por ella y solo por ella, y la ‘Orejona’ nos ha vuelto a demostrar que está dispuesta a morir por nosotros todas las veces que haga falta. Nos ayudamos. Nos complementamos. Nos queremos. Nos odian.

La entrada al campo de Bale, Asensio y Lucas, lleva un mensaje implícito: voy a por el partido. Ahora, al final nunca sabes lo que te vas a encontrar. Cuando con siete u ocho años le dices a tus padres “¡Voy a ser futbolista!”, voluntad hay. Cuando en una discoteca le dices a tu colega “¡Voy a pedirle a esa chica el número de teléfono y me lo va a dar!”, voluntad hay. Pero, como digo, eso no es garantía de nada. El tema es que al Madrid, en la Champions, parece que el ‘querer’ y el ‘creer’ le sea más que suficiente. Ellos saben que a poco que enderecen el camino, este hará que broten varias rosas a su paso. Hoy han sido 3. Ya las tenemos. Ahora toca hacerlas valer en la vuelta y que no se marchiten.

Eliminados de la Copa por el Leganés, a 17 puntos del líder en Liga y, ¡sí!, a 90 minutos de sobrevivir en una cita en la que ya nos daban por muertos. Pretendientes diciéndole al tronista que no. Apirantes diciéndole al campeón que no. Pero cuando llega la hora de la verdad, el Madrid siempre dice ‘SÍ’. Sí quiero. Sí puedo. Y quiso. Y pudo. Amén.

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Mientras intentas descubrir algo más sobre mí en estas líneas yo me ando paseando por algún lugar de Barcelona con el escudo del Real Madrid en el pecho. Desconozco si soy un valiente o un imbécil, pero me excita. Son tantos los que me miran mal como los que empatizan conmigo. Así que si algún día desaparezco que sepáis que o me han matado a palos o a besos. Y si eso ocurre… ¡Que nos quiten lo escrito y leído por aquí! Eso sí, ¿hablaréis bien de mí, no? ¡Más os vale!