La roja a Puskas y el fin de la imbatibilidad bética

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Betancort y Zoco
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Presentarse en Heliópolis, el campo de los verdiblancos nunca ha sido un tramite fácil para el Real Madrid. Pese a no estar catalogado como uno de los campos malditos, las visitas al recinto de la Avenida de La Palmera siempre han tenido cierta dificultad. La mejor racha de victorias del Real Madrid en el coliseo bético nunca ha sido superior a dos, y eso pese a que el Real Betis no ha sido un habitual de los equipos que están en los puestos altos de la clasificación luchando por la Liga. Hoy vamos a recordar un par de partidos para rescatar varios hechos curiosos sucedidos en el viejo Benito Villamarín, antes de las transformaciones estéticas que ha sufrido en los últimos años.

La expulsión de Puskas

De Pancho Puskas siempre se cuenta que llegó al club tan pasado de kilos que le daba la razón a Carniglia, que veía innecesario su fichaje. Con su buen hacer en el césped y con su trato cercano y su personalidad, ademas de la bajada de peso, rápidamente logro que la plantilla cayera rendida a sus pies. Llegó con 31 años, una edad alta para un futbolista de alto nivel para la época, pero sin embargo dio un resultado espectacular: 4 Trofeos Pichichi con 156 goles en 180 partidos de Liga. Unos guarismos solo vistos desde entonces en los tiempos actuales, con Cristiano y Messi. A comienzos de la temporada 64-65 Puskas ya tiene 37 años. Junto a Gento y Santamaría son los veteranos que enlazan la gloriosa etapa triunfal de las Cinco Copas de Europa con la siguiente, no menos exitosa aunque solamente a nivel nacional al haber obtenido los últimos cuatro títulos ligueros consecutivos. La Liga comienza bien para el húngaro: en las tres primeras jornadas consigue sendos dobletes ante Español, Las Palmas y Cordoba, para luego enlazar una sequía de cuatro jornadas consecutivas. Se acerca la octava jornada y el Madrid visita el Villamarin. A Puskas no se le da mal Heliópolis, ya que en tres visitas ligueras ha marcado cinco goles y nunca ha perdido.

El Madrid viaja a Sevilla con bajas sensibles, especialmente en la delantera: Gento, Félix Ruiz, Felo, Yanko y el guardameta Araquistain. Además, Puskas se golpea en el entrenamiento entre semana y es duda hasta última hora, por lo cual Muñoz, el entrenador blanco, tiene que tirar de suplentes para conformar una delantera óptima. El Betis, entrenado por el frances Louis Hon, un antiguo defensa madridista en el primer tercio de la decada de los 50, veía en esas bajas una posibilidad de meterle mano a los blancos. Puskas logró pasar una prueba el mismo día del encuentro y saltó al césped del Villamarín con Betancort, Miera, Santamaría, Pachín, Muller, Zoco, Amancio, Suárez, Morollón y Bueno.

Betancort y Zoco.

Con un ataque tan novedoso, tres de los delanteros prácticamente eran noveles en el campeonato ese año, Muñoz planteó un partido de contención. El acople de los blancos fue malo y la descoordinación entre la delantera y la media, notoria: tenia que bajar Zoco a crubrir huecos y aún así el dominio por el centro acabo siendo verdiblanco. Estos, sin hacer nada del otro mundo, lograron adelantarse cerca del descanso por medio de Ansola. Y hubieran sido mas goles de no ser por la excepcional primera parte de Betancort, que hizo tres paradas espectaculares. El meta junto a Amancio fueron los mejores jugadores blancos, aunque ese día vistieran de azul completo. Al poco del inicio del segundo tiempo, Amancio se lleva un balón de Rios y centra a Morollón para que este empalme y logre el gol del empate. El Madrid volvía a estar dentro del partido. Sin embargo esto cambio a los pocos minutos, cuando el mismo Morollón chocaba con el bético Suárez y se lesionaba, teniendo que ser atendido y continuando en el césped, pero mermado en su facultades físicas. Recordemos que no se permitían los cambios por aquel entonces.

Poco después Molina volvía a adelantar a los béticos. El Madrid siguió batallando, en especial Amancio, quien sería en esos minutos el principal protagonista del encuentro. Primero por un disparo que está a punto de ser gol y poco después por internarse en el área en una acción que es cortada por la espalda por Paquito dentro del área cuando el gallego se disponía a disparar. El penalti fue clamoroso, excepto para el árbitro valenciano Lloris Antonino: sigan, sigan. Pese a las protestas madridistas, el arbitro no cambió de decisión. Tan claro fue el penalti sufrido que hasta la prensa sevillana no dudo al día siguiente en reflejar lo importante de aquella decisión en el resultado final. Poco después Puskas se cruzó con el arbitro, algo le dijo y la reacción del trencilla fue fulminante: expulsado. En ese momento, y pese al 2-1, estaba claro que la derrota blanca era cuestión de tiempo. El Madrid logro reconducir su juego y no lo hizo mal, pero la inferioridad tanto numérica como de juego era manifiesta y el Betis logro marcar un tercer gol por medio de Ansola para cerrar definitivamente el marcador.

Las protestas madridistas a Lloris Antonino

Sin embargo el partido no termino aquel día ya que se siguió ‘jugando’ en el Comité de Competición de la Federación Española. Entre semana se decidió sancionar con tres partidos a Puskas por ser expulsado tras haber insultado al arbitro del encuentro. Sin embargo lo mas novedoso, para el aficionado de hoy en día, puede resultar esta otra frase de los acuerdo adoptados en aquel comité: “Amonestación y pérdida total de sus derechos de arbitraje a un colegiado de Primera División, por incumplimiento de sus obligaciones”. Aunque el nombre del arbitro no se indicaba, estaba claro que vistas las actuaciones del fin de semana, la sanción se refería al valenciano Lloris Antonino.

El Madrid rompió la imbatibilidad del Villamarín

Para recordar otra visita al Betis vamos a avanzar unos años. En concreto, hasta marzo de 1975. El Madrid camina firme en Liga con 9 puntos de ventaja (las victorias valían dos puntos) y con tan solo una derrota. Viaja a Belgrado, con un 2-0 favorable en la ida, para intentar en cuartos el enésimo asalto a la ansiada Séptima Copa de Europa, pero dejando en Madrid al entrenador, Miljanic, quien no se veía motivado para enfrentarse al equipo de sus amores y prefería seguir el encuentro desde casa. Ver para creer. En el infierno de Belgrado, un Madrid desdibujado cae por 2-0 y en la lotería de los penaltis, Benito falla el que hubiera dado el pase a semifinales y Santillana yerra el definitivo.

El Madrid viaja a Sevilla en pleno Domingo de Ramos para jugar en horario matutino poco habitual: las 11:45. Enfrente, un Betis con dudas en la plantilla y con un récord que espera aumentar, ya que llevan 40 partidos ligueros consecutivos en casa sin conocer la derrota. El Madrid viaja cansado tras sufrir una odisea para volver de Belgrado, pero confiado en el buen juego del conjunto y en las bajas que podía presentar el Betis, ya que Biosca y Cobo parecía que no serian de la partida.

Del Bosque despeja ante Camacho y Cardeñosa.

Con la habitual indumentaria azul de visitante, el Madrid jugó aquella mañana con Miguel Ángel, Touriño, Camacho, Del Bosque, Rubiñán, Breitner (Heredia 82’), Netzer, Velázquez, Amancio, Santillana (Morgado 81’) y Aguilar. Con un Heliopolis hasta los topes, el Real Madrid no acusó lo de Belgrado y se paseó sabiéndose ya virtual Campeón de Liga. Con Camacho de central, Touriño y Rubiñan de laterales y Del Bosque al mando, el equipo fue un baluarte defensivo que impedía al Betis acercarse, salvo con balones por alto. Apenas habían pasado una decena de minutos cuando una jugada entre Amancio y Netzer acabó con un centro del alemán para que Santillana inaugurara el marcador. El control de la situación era franco para el Madrid. Atenazó Camacho al bético Rogelio y la delantera verdiblanca quedó inutilizada, mientras que en la media la superioridad de Netzer, Velázquez y Breitner ocultaba a Cardeñosa, Alabanda y López. Aun así, el Betis tuvo una ocasión muy clara para empatar el partido por medio de Benítez, tras una balón en bandeja de Biosca en el área chica, pero lanzó el balón alto.

El golazo de Amancio tras driblar a Esnaola

Con el descanso el entrenador verdiblanco, el hungaro Ferenc Szusza, cambió a Del Pozo por Benítez buscando más desborde en el ataque, pero el plan se fue al traste cuando a los 49 minutos una internada de Touriño, con un centro que no pudo atajar Esnaola, se convirtió en el segundo gol madridista, obra de Aguilar. El Madrid dejaba prácticamente cerrado el partido a falta de 40 minutos. Desde ese momento el Madrid siguió controlando el partido y esperando los huecos que podía dejar el Betis en su búsqueda de acortar distancias. Fruto de esto llegó la jugada de Amancio. Éste, en la media, interceptó un pase de López, burló el intento de fuera de juego de la defensa bética, se plantó ante la meta de Esnaola a quien dribla y marca a puerta vacía. Un gran gol. Ya en las postrimerías del encuentro, Anzarda recortaría distancias tras un centro de Bizcocho poniendo el 1-3 en el marcador, un resultado que rompía la imbatibilidad del conjunto bético.

El conjunto blanco continuaría dominando con puño de hierro en el campeonato, a excepción de una derrota en Elche, y se proclamaría Campeón de Liga cuatro jornadas mas tarde, con un 1-1 en Atocha. Como guinda a la temporada se ontendria el titulo de Copa tras una final agónica en los penaltis ante el Atlético de Madrid: fue el primer doblete desde 1962.

 

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Con mi Insignia de Plata en un lugar privilegiado e intentando llegar a la de Oro, nada se puede comparar a la 7ª cuando uno ha sufrido todas las decepciones europeas de la segunda mitad de los 80. Abuelo, lo que hubieras disfrutado con los 11 de blanco, ya tenemos el doble de Copas de Europa desde que te fuiste y aquí seguimos, disfrutando y recordando a todos aquellos que de una u otra manera han hecho posible que seamos lo que somos.

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