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El Real de Madrid y Serresiete. El siempre recurrente insulto al club de las Doce Copas de Europa y al ganador de cinco Balones de Oro estalló en la cara de todos los detractores, como una sonora pedorreta. Lo hizo, además, implosionando en un escenario mayúsculo, en Turín, y ante un equipo al que le cabe todo el honor en su escudo delgadito y apolíneo: la Juventus. El Real Madrid y Cristiano Ronaldo, que marcó un golazo de chilena simplemente estratosférico, apabullaron a la Vecchia Signora (0-3) en la ida de cuartos de Champions y dejaron el trabajo listo para la vuelta. Las semifinales están a 90 minutos y, salvo catástrofe el miércoles de la próxima semana, allí estarán los de Zidane.

Cristiano es un jugador de otro mundo, de otra galaxia, de una galaxia mucho más lejana, bonita, cara y peligrosa que la de hace tres lustros. A los tres minutos supo anticiparse a un centro de Isco tras un estrepitoso error defensivo de la Juventus para meter la punterita antes que Barzagli y dejar la eliminatoria de cara. En el segundo tiempo, cuando peor pintaban las cosas para un Madrid que no daba sensación de controlar el partido, se elevó para firmar una chilena sideral, sólo al alcance de Hugo Sánchez: cogió el balón a más de dos metros y medio del suelo para enganchar un bycicle-kick impresionante, para no olvidar. El detalle más impactante del mejor jugador del mundo. Porque lo es, aunque haya otro que sea, y nadie lo puede negar, mucho más virguero.

El Madrid no ganaba en Turín desde 1962, con un gol de Di Stéfano. Y Cristiano debía tener eso apuntado en su agenda secreta, la de los superhéroes. Así que se puso manos a la obra desde el principio. Con su tremendo partidazo ofensivo, porque Cristiano está para eso, para reventar al rival a la que le dejan un resquicio. Encontró dos y descerrajó dos golazos a una Juve que no se rindió hasta el 0-2 y la expulsión de Dybala, que demostró en todo momento lo que es, un equipazo al que para barrerle del campo tienes no sólo que marcarle un gol, sino que demostrarle que tú eres un cañón y él un mosquito. Cristiano demostró ser la División Acorazada Brunete ante los de Allegri.

Da igual lo que pasó entre los goles de Cristiano, un larguero de Kroos, un paradón de Keylor, imperial Varane y un Madrid que las pasó canutas por el mal partido de Modric y Casemiro, algo que le impidió controlar el juego. Y una amarilla a Ramos que le impedirá jugar la vuelta. Da igual lo que pasó después, gol de Marcelo y mil y una ocasiones para hacer más sangre. Pero fue 0-3. Lo que quiso el Real de Madrid. Lo que quiso Serresiete. Lo de siempre.

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