La contracrónica: La puta Copa de Europa

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La puta Copa de Europa. Desde que se fundó hasta hoy. No he visto una cosa igual en mi vida. El Madrid es el niño mimado de esta competición, pero hoy nos ha vuelto a demostrar que manda ella. Ha sido un susto, gordo, pero por suerte un susto. A otros los mata directamente. No le sirven 12 lunas de miel y mucho menos una tarde romanticona en Turín. Hay que conquistarla día a día y minuto a minuto. Eso sí, si el Madrid le grita ‘¡Te quiero!’ en el 93, lo deja todo. Y hoy lo ha vuelto a dejar absolutamente todo por nosotros.

Dejando a un lado el misticismo de la ‘Orejona’, el Madrid hoy ha sido durante noventa minutos un mortal más. Un equipo que trata de explotar sus virtudes al máximo, pero que no puede disimular del todo sus carencias. Como cuando estás en la cama y tiras la sábana demasiado hacia arriba: si te quieres tapar la cabeza, dejas los pies al descubierto. Y el Madrid ha jugado a eso. Manta para arriba, manta para abajo. Dominio con el balón, sufrimiento sin él. Caliente y frío. Un juego eterno en el que recibíamos una bofetada por cada dos collejas que intentábamos dar.

Del 0-3 en Turín al 0-3 en el Bernabéu. Pánico total en Chamartín. Un miedo terrible. La muestra de ello ha sido el descuento, donde hemos visto a un Madrid que durante dos minutos ha renunciado a sí mismo. Ha dejado de ser él. No podía. El temor a perderlo todo se apoderaba de los once jugadores y se limitaban a balancear en la frontal del área. De un lado hacia el otro. Solo eso. Sin embargo, a falta de treinta segundos para el final, se escucha un runrún en la grada. Kroos decide bajarse de un salto del columpio en el que estaba subido el equipo y cuelga un balón a Cristiano. El portugués la deja de cara a Lucas y justo ahí, el mundo se paró.

Mil gritos, cientos de abrazos imprudentes, decenas de empujones, una expulsión y Cristiano Ronaldo. El punto de penalti y él. Justo delante, tres postes y un portero polaco protegen la manivela que podía volver a poner en funcionamiento el mundo. El portugués la destrozó y la puta Copa de Europa lo dejó todo para caer rendida en nuestros brazos. Otra vez. Ha sido una pesadilla, un susto. Sin Ramos, esta competición se pone más tontorrona de lo normal. Pero, al final, nos quiere y se nota. Nos vemos en semifinales, mamona.

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Mientras intentas descubrir algo más sobre mí en estas líneas yo me ando paseando por algún lugar de Barcelona con el escudo del Real Madrid en el pecho. Desconozco si soy un valiente o un imbécil, pero me excita. Son tantos los que me miran mal como los que empatizan conmigo. Así que si algún día desaparezco que sepáis que o me han matado a palos o a besos. Y si eso ocurre… ¡Que nos quiten lo escrito y leído por aquí! Eso sí, ¿hablaréis bien de mí, no? ¡Más os vale!

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