No inventó nada, pero lo ganó todo

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Ni caramelos con envoltorio silencioso, ni botones de ascensor para nariz, ni vino en polvo, ni traductor de animales. Zidane se marcha del Real Madrid sin haber inventado nada, pero habiéndolo ganado todo.

En el mundo del fútbol hay mucho complejo de Thomas Alva Edison. Todo el que llega a un banquillo siente la profunda necesidad de crear cosas nuevas. Un estilo de juego único que sea reconocido y admirado por esos romanticones del fútbol que ven el balón como una nota musical que hay que afinar, no como un trozo de cuero que hay que patear para meter gol. Ganar es algo secundario, algo de Zidane.

Si Modric, Ramos, Cristiano, Marcelo y compañía ya existen, ¿para qué vamos a jugar a inventarlos? Los mejores jugadores del mundo solo necesitan que se les esboce o contornee el mejor escenario posible para brillar. Lo demás son pamplinas, tiempo tirado a la basura. Esto es el Madrid, no una cuadrilla de amigos de barrio a los que hay que enseñar que hay más cosas que se pueden chutar en esta vida, además de la heroína.

Zidane llegó a su antigua casa y vio cómo se había convertido en una auténtica pocilga tras el paso de Benítez. Sabía que ahí dentro estaba todo lo que necesitaba, pero antes debía ordenarlo. Dos años y medio después se marcha con los deberes hechos, con su hogar limpio como los chorros del oro. La magnitud de su trabajo la encontramos en la sala de trofeos, en obras ahora mismo ante la imposibilidad de colocar la ‘Decimotercera’ junto a sus doce hermanitas. Nadie contaba con ganar tres Champions consecutivas. Como nadie contaba con tu adiós, Sisú.

Es un día de llorar y reír a la vez, no de verbalizar. El tiempo coloca a todo el mundo en su lugar y solo sé que a Zidane el cielo le queda un poco bajo.

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Mientras intentas descubrir algo más sobre mí en estas líneas yo me ando paseando por algún lugar de Barcelona con el escudo del Real Madrid en el pecho. Desconozco si soy un valiente o un imbécil, pero me excita. Son tantos los que me miran mal como los que empatizan conmigo. Así que si algún día desaparezco que sepáis que o me han matado a palos o a besos. Y si eso ocurre… ¡Que nos quiten lo escrito y leído por aquí! Eso sí, ¿hablaréis bien de mí, no? ¡Más os vale!

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