CRO 2 – 1 ING: Orgullo croata

Croacia fue capaz de darle la vuelta a un tempranero gol de Trippier y se planta en la final del Mundial ante Francia. Otro partidazo de Luka Modric. Golazo de Perisic y tremendo Mandzukic

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Uno puede imaginarse por qué. Por narices, por redaños, por valor, por testiculina, por orgullo, por ambición, por hambre y por lo que ustedes se están imaginando y no terminan de encontrar, les ahorro el camino porque no lo voy a escribir. Croacia está en la final del Mundial. La Croacia de Modric, sí, pero también la de Mandzukic, Perisic, Rebic y todos y cada uno de los 23 jugadores arlequinados, que dieron una lección de amor propio de las que enamoran. 2-1 ante una Inglaterra simplísima, sin casi nada que ofrecer más que acciones a balón parado. Llegaron aquí por las bondades del calendario, pero el trayecto se acabó. A la final contra Francia del domingo va Croacia, la de la lección de orgullo.

Croacia fue capaz de sobreponerse  a un golpazo terrible en el minuto cuatro, un gol de falta directa de Trippier. Tras dos prórrogas y sendas tandas de penaltis en octavos y cuartos, la bofetada hizo crujir todas las cuadernas del cascarón de Zlatko Dalic. El equipo se asentó larguísimo sobre el campo, llegaba tarde a todos los balones divididos y la velocidad endiablada de Sterling provocaba el terror en la zaga arlequinada, que no lograba encontrar a Rakitic ni Modric y sólo Rebic parecía amenazar en algo a la zaga de tres centrales de los de Southgate.

Al menos Croacia tenía un ligero motivo para sonreír, más allá de sus aficionados: Inglaterra no aprovechó sus ocasiones (un poste increíble de Kane en un doble remate, la más clara) y, poco a poco, sin hacer nada del otro mundo más que dejar que su centro del campo fuera aprovechando su superioridad en el medio, pese a estar desgastadísimos. Y sucedió. Sucedió en la segunda parte, impulsada además por un fabuloso gol de Perisic.

El tanto desmadejó a Inglaterra, que perdió el control del partido por completo, con Modric mandando sobre el campo como el gran mariscal de campo que es, controlando el tempo del partido. Llegó el turno entonces de que Pickford volviera a aliarse con la suerte: remate de Perisic, otra vez al palo, y una doble ocasión entre Mandzukic y el jugador del Inter que sacó la zaga inglesa apelando quién sabe a qué santo. Sólo Lingard, en un remate demasiado cruzado, intentó evitar la debacle.

Y en la prórroga, cuando Croacia debería estar fundida físicamente, con Dalic apurando los cambios como si fueran cucharadas de caviar, sucedió lo contrario. Croacia supo cómo jugar, minimizando los esfuerzos (que ya de por sí eran elevadísimos) y maximizando sus ocasiones. Y Mandzukic, un león, marcó casi el gol del cojo, tieso muscularmente, tumbando a los tres leones con un zarpazo de listo. Croacia está en la final y cualquiera se atreve a decir que están tocados en lo físico teniendo los… esos, justo los esos que están pensando, que tienen.

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