FRA 4 – 2 CRO: Francia gana la final más disparatada

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Intenten pensar en un partido de fútbol con la mayor cantidad de disparates que se le ocurran. Pues eso, justo eso, pasó en la final del Mundial de Rusia. Un gol que debió anular el invento del torneo, el VAR, si éste sirviera para algo más que para malrearbitrar a deshoras; un penalti marcado por ese mismo artefacto que pareció involuntario; una exhibición de orgullo frenada por el ímpetu de un colegiado argentino de sesgo galo; un chorrigol tras cantada de Lloris, tal vez la peor de todo el campeonato… Pero ganó Francia, 4-2, a Croacia, y se lleva la segunda estrella al pecho.

Una segunda estrella con indisimulado olor a argentino. El del colegiado. Pitana barrió descaradamente a favor de los galos en la final, en algunos casos sutilmente y en otros, como Thor, pegando martillazos a los croatas y quedándose solos. El primer gol del partido fue tras un piscinazo de Griezmann: en la falta, Mandzukic, con Pogba al límite del fuera de juego, se marcó en propia meta. Ninguna de las dos jugadas fue revisada por el VAR, por no sé qué tonterías de sus normas. Si lo pones, ponlo para todo y no para chorradas, pero por lo visto no se puede poner para todo que entonces no puede ayudar al necesitado. En fin…

Croacia, que salió mandando, vio cómo Modric y Ratkitic tuvieron un mal día, así que todo su juego ofensivo era lo que armaban Perisic, Mandzukic y Rebic. El primero hizo un partido sobresaliente hasta que le cansancio le nubló en sus decisiones: fue el autor del 1-1, un muy buen gol, y una auténtica pesadilla para la zaga francesa. El empate volvió a durar poco, porque en un córner botado por Griezmann, Matuidi amagó el cabezazo y el balón impactó en la mano de Perisic, despegada del cuerpo, pero en plena recogida. Involuntaria, pero Pitana decidió que daba igual, y decretó penalti: no falló el del Atlético.

Croacia pareció venirse abajo, con tres prórrogas en el carrito mundialista, pero tras el descanso sacó el orgullo. Y de la mano de un Perisic soberbio, rodeó a Francia, Varane y Umtiti sacando todo lo sacable. El daño de Pitana, en cualquier caso, ya estaba hecho. Porque Francia podía jugar a la contra, con una bala con Mbappé, y eso es como darle a Lewis Hamilton un Mercedes híbrido: es raro que falle, sólo si enfrente se le cruza Rosberg. Una jugada del del PSG la remachó tras doble remate Pogba, Francia ponía tierra de por medio, y con Croacia groggy, Mbappé fusiló desde la frontal el 4-1 con Subasic absolutamente transparente. Tres tiros a puerta franceses, uno de penalti, y cuatro goles. Pitana podía dormir tranquilo.

Con el resultado, Francia se echó a dormir. Croacia estaba fundida. O casi, porque las avellanitas de Mandzukic no descansan nunca. Con 4-1 en contra, tus compañeros andando, el rival sobrado, peleó un balón imposible contra Lloris corriendo como un loco. Y esta vez fue posible: error de circo del portero del Tottenham y 4-2. No iba a haber remontada, porque Croacia no podía casi ni caminar. Pero Mandzukic dio una lección de lo que es esta selección arlequinada: la derrotada en la final, pero con un orgullo que hizo que mereciera el aplauso de todos. Felicidades, Francia. Felicidades, Croacia.

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