KAS – RM: La batalla de Iwo Jima

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Es en Abú Dabi, y no en una isla volcánica en mitad del Pacífico, pero al Real Madrid le espera en el Mundial de Clubes en el que hoy comienza su andadura ante el Kashima Antlers (17:30, La1) una empresa que determinará sin ninguna duda el devenir de su temporada. Asaltar la Champions y mantenerse vivo en Liga son los objetivos reales de la temporada (por mucho que otros equipos celebren Copas, la competición no deja de ser un estorbo en el calendario de un equipo que se autodenomine ‘grande’), pero para llegar a ellos hace falta asaltar este título, para desde allí comenzar a crecer.

No es una batalla cualquiera, sino crucial. El hecho de que unos (de momento) simpáticos árabes, los del Al Ain, hayan descuajaringado a River Plate en la otra semifinal siembra el camino de minas: un japonés y un emiratí para ganar un título. Así se las ponían a Fernando VII y también se las ponen a Solari, tampoco nos vamos a engañar. Porque conquistar este Mundial de Clubes es, según parece antes de este partido, infinitamente más sencillo que ganar un Carranza, un Teresa Herrera o un Colombino. Pero con chorrocientas veces más prestigio, claro, que permite poner la escarapela dorada en el pecho de la camiseta por doce meses más.

Pero volvamos a Iwo Jima, que es lo que toca hoy. Para poder ganar el título, el Madrid se enfrenta en la semifinal al mismo equipo que le hizo sudar tinta en la final de 2016, en la que llevó a los blancos a la prórroga. Aquel era un Real Madrid mucho más poderoso en todos los órdenes, y aún así sufrió muchísimo para alzarse con el título y bordeó el fracaso en numerosas ocasiones. El Kashima es ahora un poco peor, aunque más experimentado, y dicen las malas lenguas que el Madrid es peor en cuanto a calidad y profundidad de su plantilla, por no hablar de los ausentes dentro y fuera. Pero es lo que hay.

Sea como fuere, Solari no hará ni el menor experimento porque es sabedor de que un traspié en Abú Dabi dará carpetazo a su sueño de las mil y una noches en el banquillo bñanco. Para empezar, alineando casi al once de gala ante el Kashima hoy, salvo un Casemiro recuperado pero sin ritmo. Para alcanzar el Mundial de Clubes primero toca conquistar esta isla tan incómoda, repleta de peligros, para desplegar desde allí toda la fuerza bruta del equipo en la final y hacerse una foto icónica: no la de ‘Raising the flag on Iwo Jima’ de Joe Rosenthal en el monte Suribachi pero sí la de Sergio Ramos elevando otro título al mágico cielo de los Emiratos Árabes mientras canta victoria.

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