Historia del RMCF: Ferrándiz no fue el inventor de la autocanasta

0
Pedro Ferrándiz
-publicidad-

Si uno oye el nombre de Pedro Ferrándiz instintivamente lo asocia al Baloncesto y al Real Madrid. Si profundiza un poco en Internet o tira de memoria aparecerán los Años Dorados de la sección y una manera distinta de entender y practicar el baloncesto, lo que supuso una revolución en aquellos tiempos. De estos cambios que introdujo siempre acaba surgiendo su nombre como el autor de una jugada, la famosa autocanasta de Lorenzo Alocén, que obligo a la FIBA a cambiar el Reglamento. Sin embargo, si uno se sumerge en las hemerotecas, surgen ciertas dudas sobre la verdadera autoría de aquello. ¿Llegó a ser realmente el inventor de aquella jugada o la FIBA aprovechó la notoriedad de la acción para poner coto a una jugada que ya se había desarrollado anteriormente? Aprovechando que esta semana se cumple el aniversario de aquel partido vamos a recordar los inicios del alicantino y un par de episodios, incluida la autocanasta, que definen su carácter y su forma de entender el baloncesto.

Ferrándiz, nacido en Alicante en 1928, fue un chaval activo en diversas modalidades deportivas. Ya fuera en futbol (en un equipo de barrio como el Gravina FC), en boxeo (aunque sin debutar y solo dándole palizas al saco) o en otros como balonmano, atletismo o hockey sobre hierba, con el Lucemtum del Frente de Juventudes. Sin embargo, su gran fama viene del baloncesto, al cual se aficionó cuando la congregación Mariana creo un cancha enfrente de su casa. Como quiera que la familia de Ferrándiz no era adinerada, tuvo que ponerse a trabajar para poder ayudar con un sueldo en casa, por lo cual el baloncesto quedó en segundo plano pese a que ya llevaba varios años jugando y había sido incluso seleccionado por el Frente de Juventudes para un campeonato nacional en Burgos.

El paso obligatorio por el servicio militar fue clave para su futuro. Un día, a la pregunta de un sargento sobre quién sabia jugar al baloncesto, se tradujo en un paso al frente del alicantino. Como quiera que nadie mas salió voluntario para el puesto de entrenador, optó de esta forma por permanecer al margen de la pista para conseguir llevar al equipo del Regimiento al puesto de subcampeón interregional. Tras el final del servicio militar coincidó con que Mykolas Ruzgys, campeón europeo con Lituania en 1939 y entrenador de la selección española en 1950, dio un curso de baloncesto en Alicante al cual se apuntó Ferrándiz. Con los conocimientos adquiridos acabó entrenando al Frente de Juventudes.

Su llegada a la capital no fue exenta de suerte, audacia y sobre todo mucho trabajo. Coincidió en Alicante con Ignacio Pinedo, entrenador en esos momentos del Liceo Francés, quien le transmitió la situación en la capital, con lo que Ferrándiz vio las puertas abiertas para intentar crecer allí deportivamente hablando. A Madrid se trasladó tras un primer viaje previo, donde habló con el secretario de la Federación y éste le encaminó a hablar con Raimundo Saporta y el General Jesus Querejeta, presidente de la propia Federación. Tras arreglar su futuro laboral ajeno a la canasta, consiguió que Saporta le encomendara organizar un trofeo de baloncesto dentro del Real Madrid. Tras mucho trabajar en la sombra y compaginar su trabajo con los banquillos en los Maristas y en el Colegio Maravillas, su gran oportunidad le llega cuando Saporta piensa en él para entrenar a los equipos infantil y juvenil del Real Madrid en la temporada 55-56. En su segunda temporada veremos un gran ejemplo del carácter del alicantino y como entendía el baloncesto.

Ferrándiz, de espaldas, en su etapa de entrenador del Real Madrid juvenil.

1. Prohibido atacar

Durante parte de la década de los 50 y 60 el Real Madrid tenia su sede alejada del Santiago Bernabéu. El estadio estaba en Chamartín mientras que las oficinas y dependencias del club se ubicaban a escasos metros del Parque del Retiro. Aprovechando las instalaciones del Frontón Fiesta Alegre en la calle Alfonso XI, el club usaba el recinto como sede para los partidos de sus secciones de balonmano, ajedrez, lucha, boxeo.. y sobre todo baloncesto. Allí se disputaban en largas sesiones las jornadas deportivas. El 14 de abril de 1957, el Madrid había derrotado al Joventud de Badalona por 72-61 en la sexta jornada de la Primera Liga Nacional de Baloncesto en el partido estrella de la jornada. Antes se habían disputados diversos encuentros de la fase final de Segunda División entre el Dimar y el Don Bosco por un lado y Náutico de Tenerife y Corbis por el otro. Como plato final, en aquellos años era muy habitual el jugar partidos de baloncesto que comenzaban cerca del filo de la medianoche, se programó el encuentro entre los equipos juveniles del Real Madrid y el Colegio Estudio, correspondiente al Campeonato Juvenil Castellano. No era un partido mas, ni mucho menos, sino que era el partido que decidiría el campeón del torneo, ambos equipos llegaban igualados a puntos. La primera parte deparó un buen espectáculo con ambos equipos luchando por la victoria, jugando un baloncesto sin reservas y de gran calidad, vigilado desde las bandas por Pedro Ferrándiz y Ramón Urtubi respectivamente. Al descanso, ventaja visitante 28-34. Tras lo visto en la primera parte nadie podía prever lo que iba a suceder.

El Madrid salió en racha y en los primeros cinco minutos dio la vuelta al partido colocándose con 41-38 en el marcador. Sin embargo, llegado ese punto, Ferrándiz, desde la banda, ordenó a su equipo retener la pelota y no atacar sin motivo aparente, por lo cual el partido se paró por completo durante mas de un minuto mientras los jugadores blancos únicamente botaban el balón. Mientras unos no atacaban los otros se limitaban a esperar en su campo. En aquellos tiempos no existía la norma de los 30 segundos por lo que un equipo podía mantener el balón en su posesión el tiempo que estimara necesario. Retorciendo el Reglamento se llegó a este esperpento con la mano férrea de Ferrándiz negando a sus jugadores que subieran al ataque.

El público se impacientó con el consiguiente murmullo y el cabreo del respetable al ver la acción madridista. Uno de los espectadores saltó a la cancha y, al ser padre de unos de los jugadores de Urtubi, el equipo colegial es sancionado con una técnica. Los blancos fallan los tiros y al volver a tener el balón, continúan con la misma idea. Los árbitros castigan a los madridistas con una técnica, pero los colegiales solo anotan un punto fallando el segundo y recuperando el balón los merengues, por lo cual el juego vuelve a quedar parado. Pasan los minutos y el publico, que había pagado su entrada, se enfada visiblemente al ver que el partido no se juega porque ninguno de los dos equipos cambia de actitud. Algunas monedas caen a la pista y los árbitros empiezan a pensar en suspender el partido visto cómo estaba el ambiente y teniendo en cuenta que ninguno de los dos equipos parecía dispuesto a cambiar de idea. Pasados unos minutos y como el juego seguía por los mismos derroteros los árbitros deciden suspender el partido a falta de 2 minutos y 49 segundos para finalizar, quedando el marcador en un momentáneo 41-39 para los blancos. Reglamentariamente nada se le puede reprochar primero a Ferrándiz, por parar el juego, y luego a Urtubi, por no salir de su zona; ambas tácticas era legales aunque seguramente nada éticas en una competición y menos de equipos juveniles con chavales que se estaban formando como personas y deportistas.

Ferrándiz, en el antiguo Pabellón de la Ciudad Deportiva.

Dos días después, la Federación Castellana de Baloncesto hacia publica una nota donde mostraba su disgusto con ambos entrenadores por el espectáculo mostrado en una competición juvenil, que a la postre podía ser perjudicial para la divulgación del deporte en la juventud. Recordaba asimismo cómo las tácticas empleadas por ambos entrenadores ya estarían prohibidas de cara a la próxima temporada, por lo cual no entendían por que lo habían hecho. Alguna vez se ha dicho que este partido hizo modificar el Reglamento, algo que en realidad no es cierto. En cuanto a los minutos restantes la Federación les daba una semana de plazo a ambos equipos para que decidieran una hora y fecha en la cual se jugara el partido en el mismo recinto pero a puerta cerrada. Años mas tarde el propio Ferrándiz recordaría este hecho y justificaría su actitud exponiendo que él estaba convencido que la defensa individual era lo mejor, por lo cual quería combatir con todas sus armas la defensa en zona con la cual jugaba Urtubi en el Colegio Estudio. El alicantino recordaría cómo sus propios jugadores le pidieron atacar y él se negaba hasta que el equipo de Urtubi saliera de su campo. Aquello que podía parecer algo novedoso, al menos en nuestro país, ya se había dado en el EuroBasket de 1951 en París, donde la Union Soviética y Checoslovaquia usaron esa táctica durante algunos minutos en el partido en el que se enfrentaron. Finalmente los 2:49 minutos se disputaron la noche del 24 de abril, en y los colegiales usaron una defensa individual. El Madrid logro ampliar su ventaja por medio de una canasta y un tiro libre, mientras que los colegiales erraron los tres tiros de campo que dispusieron. El Madrid lograba vencer por 44-39 obteniendo el Campeonato de Castilla en categoría juvenil.

Así vio Cronos, en Marca, la táctica de aquella final de juveniles.

2. Aquella autocanasta en Varese…

Si aquella acción dentro del Reglamento pasó al olvido con el paso del tiempo, no sucedió así la jugada en Varese que dio con la derrota madridista en Italia. Tras las categorías inferiores, Ferrándiz pasa dos temporadas entrenando al CB Hesperia, equipo que estaba bajo la orbita del Real Madrid y que en la práctica era su filial. En 1959 tiene la prueba de fuego cuando Saporta le da el mando de la primera plantilla del Real Madrid al dejar su cargo Jacinto Ardevínez. Los resultados son magníficos: doblete Liga y Copa en las dos primeras temporadas. Tras España llega Europa y en la primera incursión en la Copa de Europa toca tope en semifinales, donde se enfrenta al tricampeon europeo del ASK Riga, al cual en la ida en París le gano por 3 puntos, diferencia que no pudo sostener en Praga, donde cayó por 21.

El pabellón del Ignis de Varese, la Casa dello Sport.

Para la temporada 61-62 el Madrid en competición europea viaja en enero a Italia, donde le espera uno de los equipos y publico mas fuertes para la eliminatoria de octavos: el Ignis de Varese. En la llamada Casa dello Sport se juntaron alrededor de dos mil hinchas en un recinto tan pequeño que el griterío era ensordecedor y el público estaba al limite de las marcas de delimitación del terreno de juego. La historia es de sobra conocida. El Madrid realizó un gran partido pese a la dureza local, Hightower recibió una tarrascada a los dos minutos con la cual le tuvieron que llevar al banquillo con ayuda, y pese a todo el Madrid fue por delante del marcador durante casi todo el partido. El cansancio, la presión y la ayuda arbitral hizo que el Madrid fuera perdiendo poco a poco su ventaja. A falta de 27 segundos el Madrid ganaba de cinco, pero dos jugadas locales y un tiro libre pusieron el marcador en empate a falta de dos segundos con bola para el Madrid. La situación no pintaba bien si el Madrid llegaba a la prórroga, ya que podía perder de paliza. Sevillano y Morrison estaban expulsados por faltas, mientras que Emiliano y Sainz andaban con cuatro personales, junto a un Hightower que se había lesionado. Como quiera que en las eliminatorias contaban ambos resultados, Ferrándiz no quiso arriesgarse a una prórroga que lastrara al equipo con un resultado nefasto para la vuelta, por lo cual hizo ejecutar el plan que tenia pensado y hablado con los jugadores. Estos sabían de la idea pero no quién la tenia que ejecutar. Ferrándiz pide un tiempo y plantea un ultimo cambio, llama a Morrison para sustituirle por un Alocén al que Ferrándiz le dice que sera “el elegido”. El capitán Lluis saca de fondo y entrega el balón a Alocén quien se gira y anota en su propia canasta ante el asombro del publico que observa la victoria local al pasar los dos segundos restantes, y la ‘indignación’ de sus compañeros madridistas. Entre la risa de unos, la sorpresa de otros y unos pocos que se olieron la tostada acaba el partido y los jugadores se marchan rápidamente para vestuarios. Como en 1957, la táctica usada por Ferrándiz en este caso tampoco vulneró el Reglamento. Nuevamente podía ser éticamente cuestionada pero entraba dentro de la legalidad.

La canasta trajo cola y es que una vez descubierto el ‘pastel’, desde fuera de nuestras fronteras se veía lo sucedió como una acción antideportiva, aunque ajustada a Reglamento. Esto movilizó al secretario general de la FIFA, el histórico William Jones, que avisó que en la siguiente reunión de febrero en Múnich se revisaría la norma aunque aclarando que el resultado del Ignis-Real Madrid no se iba a modificar.

Aunque siempre se ha dicho que esta jugada fue ideada por Ferrándiz y obligo a cambiar el Reglamento, no es del todo cierto. Sí se cambió el Reglamento, pero no fue la primera vez que se realizó esta acción en un partido de competición europea bajo el auspicio de la FIBA. Ya en los días previos a la reunión de Munich algunos periodistas habían indicado que existía otro precedente de esa misma jugada unas semanas antes, en un AZS-SKA de categoría femenina, y lo cierto es que la FIBA lo sabía y lo tenía en cuenta. Lo más probable es que la jugada realizada por Ferrándiz, al ser en un club de primera fila, hizo moverse a los jerarcas de la FIBA para poner coto a algo que se podía volver peligroso. En la reunión de Mínich, presidida por Saporta que a la sazón lo era de la comisión que iba a estudiar la jugada, se deliberó sobre lo sucedido y finalmente se llego a un acuerdo en base a tres puntos. El primero fue homologar el resultado del partido de Varese, así como el resultado de otro partido jugado en Polonia entre el AZS de Polonia y el SKA de Leningrado donde los primeros vencieron por 72-70 gracias una autocanasta del equipo ruso. El segundo punto indicaba que se iba a elevar al Comité Central del FIBA en la siguiente reunión de diciembre la propuesta para que los partidos en los cuales se tuviera en cuenta el tanteo de la eliminatoria pudieran terminar en empate sin necesidad de prórroga. Finalmente, y en espera de la decisión definitiva, se anunciaba la descalificación de aquellos equipos que hicieran una autocanasta en los minutos finales de un partido con un resultado próximo al empate. Al mismo tiempo se hizo el sorteo para la siguiente ronda, por lo cual se cortaba de raíz alguna posible exclusión del Real Madrid por la jugada en Varese.

Ahora bien, si el Comité valido el resultado de dos partidos con una acción similar, ¿por qué se menciona a Ferrándiz como el inventor de la jugada? Se podría pensar que el partido de Varese fue anterior al de Polonia, pero revisando las fechas de los partidos, éste se jugo el 14 de diciembre, un mes antes que el partido de Varese, y para mas inri fue la vuelta en la cual las rusas traían una escasa ventaja de 6 puntos y que fuera de casa en una prórroga podían haber perdido. Ese caso fue mas flagrante, ya que la autocanasta dio el pase de eliminatoria a las rusas, y sin embargo pasó inadvertido, y lo sigue haciendo. Los motivos quizás haya que buscarlos en que aquel partido pertenecía a una incipiente Copa de Europa en versión femenina jugada detrás del Telón de Acero, la misma competición y el mismo año que la disputo el equipo coruñes del Medina, que llegó hasta cuartos de final donde cayo ante el Radnicki yugoslavo. Aquel equipo de La Coruña estaba entrenado por el que años mas tarde fuera el todopoderoso gerente del Real Madrid: Manuel Fernández Trigo, de quien ya hablamos aquí. También el poder que ejercían los soviéticos en la FIBA era importante en aquellos años, por lo cual pudo dejarse un poco en el olvido la jugada de Polonia, pero al aparecer la jugada de Varese es probable que la FIBA se diera cuenta del grave problema que podía tener entre manos y usara el caso de los madridistas para poner coto a la misma sin enfadar a los soviéticos.

La duda final es saber si a Ferrándiz le llegó a sus oídos lo sucedido en Polonia (los días posteriores a ese partido él estaba de viaje en Italia espiando al Varese) o bien llegó a la misma conclusión que las rusas y eligiera aquella jugada para resolver un partido que se podía poner cuesta arriba en la vuelta, de manera propia. De una forma u otra, la vida y el baloncesto continuaron y en Madrid los italianos no pudieron hacer nada ante la avalancha madridista y sucumbieron por 21 puntos de diferencia, pero eso es historia para otro día.

Compartir
Con mi Insignia de Plata en un lugar privilegiado e intentando llegar a la de Oro, nada se puede comparar a la 7ª cuando uno ha sufrido todas las decepciones europeas de la segunda mitad de los 80. Abuelo, lo que hubieras disfrutado con los 11 de blanco, ya tenemos el doble de Copas de Europa desde que te fuiste y aquí seguimos, disfrutando y recordando a todos aquellos que de una u otra manera han hecho posible que seamos lo que somos.