Search:
Advanced Search

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

La mente en blanco, el blog de PabloA.

Posteado: Sunday, February 7, 2010 - 7 comentario(s) [ Comentario ] - 0 trackback(s) [ Trackback ]
Category:

    Estimado Presidente:

    Me dirijo a vd. con la esperanza de hacer oir mi voz como madridista. Vivo  a muchos kilómetros de la capital, no soy socio del club y no tengo oportunidad de votar en las elecciones, cuando las hay. Pero soy de los que piensan que la democracia no termina en el voto, que un papel introducido en una urna no significa patente de corso para nadie y que la opinión de las personas sigue teniendo importancia más allá de esos límites. Sabe vd., además, que el caso de un club de fútbol no es comparable al de la política: cuando se eligen di****dos, son muchos los que no votan por desinterés; pero, si hablamos de fútbol, podemos estar seguros de que hasta el último aficionado del último rincón del planeta tiene interés en lo que pueda suceder con su club, aunque no vote. Porque somos esos aficionados que no van al estadio, esos que no votan ni suelen aparecer en las encuestas, los que inflamos las audiencias televisivas que tantos beneficios reportan a la entidad, los que nos batimos el cobre en cada barra de bar, en cada descanso de la oficina, en cada foro de internet, siempre defendiendo a nuestro club de los pitorreos cuando perdemos, del desdén por nuestros logros históricos, de los insultos a nuestros jugadores o de cualquier ataque que sufra el Real Madrid C.F. bajo el amparo de eso que se llama rivalidad y que, a veces, no es más que envidia. Cuando se trata de pelear por nuestro club, todos los madridistas somos soldados y no nos distinguen los carnets, ni los años de antigüedad, ni las cuotas. Todos sufrimos las derrotas y celebramos las victorias. Todos apretamos los dientes cuando nos apalean en los medios y todos nos sentimos humillados si nuestros representantes, como ha ocurrido recientemente, no están a la altura de nuestra historia. Por eso, creo que nuestra voz también es importante.

     Debo decirle que yo nunca he sido admirador suyo, señor Presidente. En su anterior etapa, critiqué a viva voz su empeño en convertir al Madrid en una pasarela de estrellas. No me gustó que no se valorara la disciplina, el trabajo, el esfuerzo, la honradez en el campo. Que no se tuviera en cuenta que un equipo es algo más complejo que una simple suma de calidades. Que se olvidara que hay que correr y sudar tanto como los contrarios para que la diferencia técnica sea notoria. Cuando vd. y sus colaboradores constataron que el equipo iba perdiendo fuelle, decidieron actuar. Pero equivocaron el camino, en mi opinión, y en lugar de corregir los vicios se afanaron en multiplicarlos. Despreciaron el papel de los entrenadores y el trabajo de los jugadores que no venden tantas camisetas. En su cara desencajada aquella lluviosa noche en Mallorca, Presidente, se leía que vd. era consciente de su fracaso. Sus palabras al dimitir lo corroboraron.

     Sin embargo, vd. tuvo una gran virtud: fue capaz de ilusionar a la afición como nadie lo ha vuelto a conseguir. También logró reinventar un club carcomido por una deuda monstruosa y convertirlo en un gigante económico. Vd. puso al Madrid primero en muchos aspectos que antes no se tenían en cuenta y que son importantes en el fútbol actual. Marketing, derechos de imagen, explotación de la marca Real Madrid... Pero, sobre todo, está la ilusión... Por todo ello, se entiende que gran parte de los aficionados le hayan recibido en su regreso como a un Mesías Salvador. Imagino la satisfacción que tuvo que significar para vd., que se fue herido, escuchar a la grada del Bernabéu corear su nombre cuando presentaba a sus nuevos galácticos. Otra vez la ilusión. Durante un verano, nada importaron las críticas feroces que llevan años torturándonos a través de los medios. Nada importaron los títulos del eterno rival, su euforia al autoerigirse como mejor equipo del mundo.

     Y yo, que nunca he sido admirador suyo, como le decía antes, le concedí el beneficio de la duda, señor Presidente. Porque es de ley pensar que alguien que se ha convertido en quien es vd., alguien que ha triunfado en terrenos tan difíciles, tiene que ser necesariamente inteligente y ambicioso. Y la inteligencia y la ambición, combinadas, permiten superar los errores del pasado, rectificar todo aquello que sea necesario, aprender de los tropiezos y seguir creciendo. Así que yo también me dejé llevar por la euforia, pensando que si vd. no repetía aquello en lo que se había equivocado, era el mejor presidente posible.  Han pasado unos meses desde entonces. El equipo marcha.  No se libra de las críticas y ha tenido algún traspiés importante, pero marcha. Cada vez son más los minutos de buen juego. Cada vez encontramos más alternativas en la plantilla, y jugadores que hace un mes no contaban ahora son titulares. El ataque empieza a ser vistoso y constante. La defensa, firme. Los resultados en Liga son excelentes, y si estamos a cinco puntos del líder es por razones que ahora no vienen al caso pero que vd.  conoce tan bien como yo. También aspiramos a todo en la Champions. Teniendo en cuenta que el proyecto acaba de arrancar, como quien dice, yo diría que la situación es estupenda.

     Pero hay algo que alimenta mi pesimismo, señor Presidente. Y son los rumores. Se dice que vd. quiere cargarse al entrenador. Se dice que incluso Valdano, que era su gran valedor, le ha retirado su apoyo. Se dice que la opinión de Pellegrini no fue tenida en cuenta a la hora de fichar, y tampoco lo sería el próximo verano aunque no fuera sustituido. Se dice que el Madrid cuenta con una estructura deportiva inflada, con demasiados cargos cuyas responsabilidades se entrecruzan sin quedar claro quién se dedica a qué, y que todos esos cargos son pagados, además, a precio de oro. Se dice que al final siempre es vd. quien toma las decisiones y los demás se limitan a posar para la foto. Se dice que vd. coquetea lo mismo con Wenger que con Mourinho, con Blanc o con Benítez, sin importarle las evidentes diferencias de estilo de unos y otros, sin saber qué busca de cada uno de ellos. Se dice, en definitiva, que nada ha aprendido de sus errores del pasado y que el Madrid, por ello, sigue sin una línea a seguir en lo deportivo, sin más criterio que su capricho personal y sin posibilidad de establecer una estructura sólida que se sostenga en el futuro. Se dice que vd. acabará yéndose, como la otra vez, y a su espalda sólo dejará tierra quemada.  No le voy a mentir por quedar bien, señor Presidente: veo demasiados síntomas preocupantes que me llevan a pensar que los rumores no andan en absoluto desencaminados.

    Por eso, le escribo esta carta. Como comprenderá, no pretendo que vd. pierda su tiempo dando respuesta a las decenas de rumores sobre su gestión que flotan en el aire. No pretendo que el club haga un comunicado oficial cada vez que un periódico publique una noticia falsa, o un tertuliano suelte un disparate en la radio o la televisión. Lo que pretendo únicamente, señor Presidente, es que vd. espante mis dudas con hechos, que me demuestre con evidencias que estoy equivocado al dar crédito a los rumores y al desconfiar de vd. Quisiera que llegara el final de la temporada y, fueran cuales fuesen los resultados, Valdano ratificara a Pellegrini, porque se le eligió por considerarlo el entrenador idóneo para el Madrid, no por lo que pudiera hacer o no en un año. Quisiera que los fichajes se hicieran consensuados con él, que su opinión importara, puesto que es quien tiene que lidiar día a día con la plantilla y quien tiene que colocar a todos los jugadores sobre el campo. Quisiera que los madridistas comprobáramos que en la dirección del club todos reman para el mismo lado, que no hay rencillas internas, ni desconfianzas, que nadie pisa el terreno de otro y que, de verdad, todos hacen una labor importante. Quisiera tener la sensación, por primera vez en muchos años, de que mi club sabe lo que quiere y trabaja para conseguirlo, que no va dejándose llevar por los vaivenes de los resultados o las modas pasajeras, que es capaz de tener perspectivas de futuro más allá de los títulos inmediatos. Quisiera presumir de ello en el bar y en los foros. Sacar pecho porque no tiramos el dinero con prepotencia de nuevos ricos, sino que invertimos con sentido, asegurando también la estabilidad económica de la entidad. En fin...  Si todo eso sucediera tal como se lo cuento, señor Presidente, tenga por seguro que desterraré todas mis sospechas y habrá ganado vd. un admirador.

    Al final, don Florentino, el fútbol esconde una realidad por encima de los tópicos y, pese a lo que se diga, el día a día no es lo más importante. Asusta ese día a día. Asusta pensar que al primer traspiés podemos vernos otra vez iniciando un nuevo ciclo. Asusta que seamos un club incapaz de aceptar la derrota como algo normal en el deporte, y que en vez de responder a ella con serenidad y afán de revancha, lo hagamos quemándonos a lo bonzo y rezando para que al final alguien encuentre una tecla mágica que hasta ahora se nos resiste. Y no existen teclas mágicas. Sólo existe el sentido común. Devuelva vd. ese sentido común al club. Se lo pido encarecidamente. Demuestre que la estructura que vd. ha levantado no es un castillo de naipes que volará al primer soplido. Y si no es así, rectifique y dele el mando a alguien en quien de verdad confíe. Haga que los madridistas dejemos de desgastarnos en guerras internas, florentinistas contra anti-florentinistas, raulistas contra anti-raulistas, valdanistas contra anti-valdanistas. Que no andemos siempre haciendo hipótesis sobre lo que va a pasar, sino que en efecto sepamos lo que va a pasar, porque el club también lo sabe y la línea a seguir es clara. Que no haya lugar para los rumores, ni los inventos. Que todos seamos conscientes de adónde vamos y lo alabemos o lo critiquemos con conocimiento de causa, sin andar temblando por ver qué nueva invención acaba siendo la correcta. Es su responsabilidad, señor Presidente. Tiene usted detrás a millones de aficionados que sufren por su club. Demuéstreles que nadie está jugando con sus sentimientos.

   Sin más, me pongo a su disposición para lo que requiera y le agradezco la atención prestada.

   Le saluda un madridista.

Delicious Digg Facebook Fark MySpace