RM 1 – 2 ALA: Pena, penita, pena

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Se podrá achacar a dos penaltis no pitados, que no vio ni el VAR. Pero el Real Madrid se pegó un guantazo importante, muy importante, ante el Alavés en LaLiga (1-2). Los goles de Lucas Pérez y de Joselu Mato no pudieron ser contrarrestados por los de Zidane, que pese al gol de Casemiro en el tramo final acabaron hincando la rodilla porque hicieron un partido, otra vez, muy malo en la inmensa mayoría del encuentro. Y no por actitud, que la hubo, sino porque el equipo da para lo que da. Por cierto, se lesionó Hazard, otra vez. Pena, penita, pena y tres partidos ligueros consecutivos sin ganar.

Al Madrid se le puso la misma cara que la farruca que popularizó Lola Flores nada más comenzar el partido. Zidane decidió comenzar con un tridente (llamar tridente a un tenedor de postre es una cachondada, pero habrá que seguir la jerga periodística) Asensio-Mariano-Hazard, y con Lucas Vázquez y Marcelo en los laterales. Un error de este último en un pase-cesión a Nacho-Courtois (nunca quedó claro), acabó en un córner en el que Nacho acabó metiendo el codo tras cabezazo de Laguardia. El quinto penalti contra los de Zidane esta temporada, que transformó Lucas Pérez. Pena, penita, pena, Máxima, claro.

El Madrid atravesó una primera hora realmente horrorosa. Asensio fue un espectro y Hazard, salvo en una jugada en la que recuperó de espuela en el centro del campo y se plantó ante Pacheco desperdiciando el remate, y luego sufriendo un penalti muy justito que el VAR no quiso o no supo ver, estuvo en la línea habitual desde que llegó a este equipo: nada por aquí, nada por allá. A la media hora, el belga tuvo un desplante y “si me queréis, irsen”, que diría La Faraona. Otra vez lesionado, dejó su plaza a Rodrygo, el mejor del equipo durante el primer acto.

La entrada del brasileño revitalizó al Madrid, que había estado a punto de encajar el segundo en un mano a mano de Lucas Pérez con Courtois. El intento de vaselina del delantero babazorro lo sacó de un manotazo el larguirucho portero belga, que posteriormente empañaría. Pero estábamos contando que Rodrygo impulsó a su equipo. El paulista saltó al campo con esas gotitas de mala leche que tanto necesita su fútbol para que rompa definitivamente y su presencia descompensó a una defensa del Alavés que hasta ese momento parecía la de la caja de seguridad de un banco suizo.

Dos paradones de Pacheco ante Kroos y un puñado de remates defectuosos (o demasiado centrados o desviados) de Mariano en pleno zafarrancho blanco. Un tirón de pelo de Laguardia a Marcelo, justo sobre la línea del área, certificó el final de la primera parte. Pena, penita, pena, porque dos posibles penaltis se fueron al limbo. Y la pena, penita, pena aumentó nada más comenzar el segundo acto, cuando Courtois cometió un terrible error jugando con el pie y le dejó a Joselu, el ex canterano de rigor, el 0-2 en bandeja.

El segundo tanto del equipo vitoriano no sólo no espoleó al Madrid, sino que tampoco lo hizo a su banquillo. Zidane esperó hasta el 70 para meter toda la carne en el asador, la que le quedaba por las lesiones, pero quitó del campo a Kroos y Modric, que estaban siendo lo mejor del equipo, aunque tampoco era para tirar cohetes. El Alavés, con Joselu y Lucas Pérez bailando a la defensa madridista, pudo machacar el resultado, pero no lo hizo. Por eso es el Alavés y no el Bayern.

El Madrid apretó en el tramo final. Apretó de verdad, con el Alavés desfondado mientras inexplicablemente Machín no agotaba los cambios. Lejeune sacó en el 82 bajo palos la mejor ocasión madridista del partido, un remate de Casemiro, pena, penita, pena, aunque poco después el brasileño acabó embocando el 1-2. No se le puede poner un reproche al empeño del equipo, que murió como el partido con un disparo de Isco al larguero. Pero no hay modelo, no hay táctica, no hay calidad suficiente para defender esa camiseta blanca y no hay entrenador. Y así es complicado, muy complicado, ganar. “Los espectáculos no deben faltar nunca. Que no sea solamente el bingo”, dijo en cierta ocasión Lola Flores. Y este Madrid, ay, está más para bingo que para otra cosa. Porque hay días que da pena, penita, pena. Como ante el Alavés.