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Miércoles, 09 Enero 2013 11:23

Ética, conducta... y Del Bosque

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Y dicen que, en aquel momento, el alma del Balón de Oro que estaba en juego notó un extraño vacío. Tan repentino y violento como elocuente y conmovedor. Quizá porque tantos y tantos ejemplos de simplona egolatría y absurdas adoraciones han acabado por devolverle al fútbol la verosimilitud y grandeza que los más ridículos y absurdos comportamientos se empeñaron durante un tiempo en robarle. Porque el fútbol, gigante de actitudes sociales no siempre aceptables, nos entrega de cuando en cuando personajes como Del Bosque.

Un entrenador para la historia de todas las historias. Que es capaz de acordarse de todos los entrenadores con los que ha convivido al mismo tiempo que mira a los ojos a esos chicos nuestros que, igual que mantienen con una camiseta blanca y azulgrana una rivalidad digna de las mas épicas de las batallas, se dan la mayor de las treguas conocidas para llevar a la selección española al más lejano de los altares jamás imaginado. Tan grande que nadie nunca jamás soñó con lograr. Pero es suyo. Seguramente porque un buen día, con la misma bondad y sabiduría que tuvo siempre, incluso cuando fue desterrado de aquel lugar del que nunca se ha ido ni se irá, supo entender que ser humilde y sabio no es rendirse a la humillación que otros prepararon y aún preparan con tan triste economía de conocimiento.

Cuando Joseph Blatter, presidente de la FIFA, reconoció su total y absoluto respaldo a las palabras de Vicente Del Bosque, no se estaba entregando a una de esas habituales poses que su cargo exige entre tanta hipócrita y embustera diplomacia. De repente, a Blatter se le presentó la oportunidad de ponerse en paz consigo mismo. Fue tan breve como intenso. Algo especial  que aparece en ocasiones y que para el presidente de la FIFA, con la  figura de Vicente Del Bosque como espejo ideal para muchos de los discursos que casi siempre se le escurrieron entre un público imaginario, significó hasta un éxito de gestión.

Nunca olvidaré el gesto, la cara, la sinceridad, el ejemplo ni la satisfacción de Luis Felipe Scolari al abrir el sobre y anunciar el galardón que el fútbol mundial ha reconocido a Vicente Del Bosque. Habló de honor al entregar ese premio, y es el tipo de honor que yo mejor reconozco. Igual que reconozco las caras de Casillas, de Piqué, la de Xabi Alonso, la cara de Iniesta y la de Sergio Ramos cuando rescatan y se refugian en aquello que nada ni nadie les podrá quitar. Y no hablo de Ligas, ni Copas del Rey, ni Champions League, ni Eurocopas, ni Copas del Mundo. Hablo de compartir su carrera y su vida con un entrenador sabio, que ha hecho de la ética y la buena conducta un valor admirado. Un entrenador para la historia de todas las historias. Un madridista.

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Alfredo Duro

Lo importante no es el tamaño del perro en la pelea. Lo importante, lo verdaderamente importante, es el tamaño de la pelea en el perro. Y yo tengo muchas ganas de seguir ladrando.

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