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Miércoles, 19 Junio 2013 16:05

Iker y los perros rabiosos

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Estaban al acecho. Hambrientos de carroña. Rabiosos como nunca. Como hienas desesperadas que enseñan dientes y ojos sangrientos para lanzarse encima de la pieza y cebar en ella sus peores instintos asesinos para acabar definitivamente con ella. Así se han comportado, con indisimulada rabia e inquina, un buen puñado de mercenarios de la aniquilación futbolística que, al cobijo de un sentido de la justicia que ni ellos mismos conocen, han vuelto a quedar al descubierto en su triste y miserable intento de aniquilación de Iker Casillas. Aprovechando páginas del más amarillento y vengativo periodismo, que también les ha puesto en bandeja micrófonos y cámaras de televisión, para escenificar la cólera incontenible que su bilis y acrimonia persigue a la caza de quien, pese a quien pese, sigue siendo el mejor portero del mundo.

La decisión de Vicente del Bosque de mantener en la titularidad a uno de los símbolos más indiscutibles del fútbol español de todos los tiempos no es únicamente una decisión justa. Es sobre todo la consecuencia de un proceso que, a diferencia de lo ocurrido estos últimos meses en el Real Madrid, está alejado de los problemas extrafutbolísticos que han llevado a Casillas a ser señalado en determinados ambientes como una especie de infecto virus. Mientras el seleccionador hace responsable a su capitán de haber contribuido más que nadie a fortalecer por dentro y por fuera la hegemonía mundial de nuestra selección, el ex entrenador de su club lo sentenció a galeras para satisfacer un primitivo sentido del feudalismo más exacerbado. El que tanto ha parecido complacer a su colección de esbirros.

Y así será por mucho tiempo. La realidad de Iker y la cacería desatada. Seguirá levantando nuestro portero copas al mismo tiempo que seguirá coleccionando las acusaciones y descalificaciones más vergonzantes. Las que definen lo mejor y lo peor de nuestro fútbol. El mismo fútbol que cobija a excelentes jugadores que siguen empeñados en hacer historia pero no es capaz de ahuyentar a perros rabiosos que afilan su colmillo esperando que Iker Casillas escenifique la "cantada perfecta". Que sigan ladrando.

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Alfredo Duro

Lo importante no es el tamaño del perro en la pelea. Lo importante, lo verdaderamente importante, es el tamaño de la pelea en el perro. Y yo tengo muchas ganas de seguir ladrando.

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