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Lunes, 31 Marzo 2014 07:44

El discurso del histerismo

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Debía ser el día de la unión, con el madridismo arropando a su equipo después de dos tantarantanes que le descolocaron el flequillo justo cuando se iniciaba el sprint final por la Liga. Pero fue todo lo contrario. Pocos días he sentido tanta vergüenza como madridista como el sábado (y son ya 28 años acudiendo al Bernabéu con muy pocas faltas de asistencia) al ver cómo, en un día de la marmota histérico y acomplejado, parte del público que se dio cita en Concha Espina decidió disfrazarse de Capitán Trueno, ejercer de comisario justiciero y dedicarle una somanta de pitos a varios jugadores del equipo que no han hecho sino carcomer su moral cuando aún los tres títulos mayores están en disputa: algunos de ellos han pensado en esperar que acabe la temporada para poner pies en polvorosa.

Envuelto en el aroma de un presunto fin de ciclo que los satélites mediáticos están empeñados en alumbrar, el Real Madrid languidece mientras parte de su afición, la que debía mostrarle amor incondicional, lejos de hacerlo ejerce de mameluco y carga las bayonetas para no dejar títere con cabeza: bueno, sí, a sus protegidos, pero ésa es otra historia. Claro, que la estampida de esta caballería ligera de simples peones seducidos por los alaridos estridentes de Los Manolos y Las Manolas se ve venir a leguas. La alfombra de cáscaras de pipas sobre la que corretean alerta hasta al embalsamado Tutankamon.

El problema de esta nueva estirpe de Chapulines Colorados madridistas radica en un discurso de club histérico y trasnochado, y que es achacable a todos los presidentes desde que alcanza mi nefasta memoria: Mendoza, Lorenzo Sanz, Florentino, Calderón y otra vez Florentino, con los caricaturescos y cortos paréntesis de Fernando Martín, Montejano y Auamba Boluda Balambambú. El mensaje es siempre el mismo: somos canela fina (perdón, Sergio Ramos) y vamos a arrasar en todo para que el mundo se postre a nuestros pies. Y esa pléyade de descerebrados de potentes pulmones compran el mensaje, claro.

El Madrid no arrasa: el Madrid se parte el pecho y el alma esculpiendo partido a partido, jugada a jugada, cada trazo de su escudo, que va bordado en sangre y aparece enmarcado en lágrimas, las lágrimas de la derrota, porque quien no pierde no disfrutará jamás de la victoria. Da igual hacer "un fútbol espectacular" o ser una castaña pilonga que marca 121 goles en Liga (eso dicen los entendidos: para entender así casi prefiero ser un analfabeto, estoy en ello). Lo único que la afición madridista puede pedirle a su equipo es trabajo, dedicación, esfuerzo, solidaridad y remar en pos de que ese escudo pueda dominarlos a todos, otra vez. Pero los aficionados de potentes pulmones han decidido que no: que al Madrid hay que pedirle no sólo que gane todo porque sí, sino también que lo gane con los cromos más molones para decorar la carpeta, con independencia de si están para estas cuitas o no. En vez de entrenador, tal vez el Real Madrid debería poner en el banquillo al jurado de Mister España, para que jueguen los guapos y no los mejores futbolistas.

Es urgente reeducar a la masa de aficionados madridistas. Hacerles comprender que la gloria de la victoria sólo se alcanza si antes el sabor a hiel te ha hecho irte a la cama sin dormir. El Madrid tiene que ganar, claro que tiene que ganar. Pero tiene que ganar no mientras en el Bernabéu se despliega una sinfonía de viento, que de eso ya se encargan nuestros rivales, sino con el apoyo incondicional de una afición que tiene que ser el jugador número 12 pero que en este club una parte de ella ha decidido ser más nociva que Villar, Sánchez Arminio, Platini y Undiano juntos y revueltos. ¿Villarato? No, es el Pitorato, el movimiento que consigue que el Real Madrid se bloquee cada temporada y el presidente de turno tenga que reiniciar el router para que al final esos mismos que piden cambios acaben de nuevo pitando para que todo vuelva a empezar.

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Miguel Queipo de Llano

Estuve en Ámsterdam 98, París 00, Lisboa 14, Milán 16 y Cardiff 17; y además vi ganar 12 Ligas, 1 Copa del Mundo de Clubes, 1 Copa del Rey, 1 Supercopa de Europa y 9 Supercopas de España como espectador in situ. Por la tele han caído más. Y siempre con el señorío que me enseñaron los más grandes: Don Santiago, Don Alfredo, Juanito, Hugo Sánchez, Fernando Martín, Drazen Petrovic, Cristiano... Existen otros madridismos, y quizás mejores, pero el más divertido es éste.

@soymadridista

Sitio Web: www.soymadridista.com
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