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Lunes, 07 Julio 2014 20:12

"Nene, no te firmo, no vayás a insistir"

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Tuve la inmensa suerte de haber tratado con Don Alfredo di Stéfano, con la Saeta Rubia que hoy se ha marchado zigzagueante rumbo a la eternidad siguiendo el camino marcado por las trazadoras que dejó en vida. Fueron pocas, apenas cuatro, pero recuerdo como si fuera ayer todas y cada una de ellas. La primera, un encontronazo: una cena de Veteranos del Real Madrid en el Donostiarra, cuando él era el presidente de la Asociación. Fui acompañando a Bernardo Salazar, quien me llevó a su vera. La presencia de aquel chavalín de veintipocos años no le debió agradar demasiado a Don Alfredo, que me mandó a esparragar mientras apuraba el Winston. Bernardo le dijo que era su acompañante y, dado mi estado, supongo que chorreando baba y con los ojos del tamaño de los de Özil salpimentados, terminó por acogerme en su mesa. Fue un rato, no creo que más de un par de horas, y pude comprobar de primera mano la inmensa humanidad de lo que para mí era (y sigue siendo) un Dios. Un Dios cascarrabias, pero un Dios.

Era un Dios porque mi abuelo paterno me lo enchufó en vena desde que era un mocoso rubio platino que iba y venía entre Madrid, Fuerteventura y Cádiz. "Tenías que haber visto jugar a Di Stéfano", "nunca jamás verás a nadie como Don Alfredo"... Mi abuelo, de natural trasnochador (los Paquirri tenemos ese defecto genético, acostarnos antes de las 3 de la mañana es sólo para dormir la siesta), me bombardeaba cada noche de julio y agosto, noches con sabor a manzanilla de Sanlúcar, a historias de aquel Madrid legendario que él tuvo ocasión de seguir. Me mostraba su colección impoluta del ABC Color, guardada en aquella vitrina del salón, y me empezaba a enseñar reportajes, y más reportajes, y entrevistas, y más entrevistas, sobre aquel Madrid de los 50 y 60.

Esa primera vez que coincidí con Don Alfredo, cometí un error. Le pedí un autógrafo para mi abuelo. Y el Dios sacó su vena cascarrabias. "Nene, tú querés mi firma para venderla y sacar plata. No te firmo", me dijo. No hubo forma de convencerle, nadie fue capaz de hacerlo. Las tres veces siguientes en que coincidí con él, hizo gala de una memoria prodigiosa: "Nene, no te firmo, no vayás a insistir", me decía nada más verme. Siempre encantador, pero sin firmarme el dichoso papelito. Mi abuelo, que era el destinatario de la firma, se me fue en enero de 2011 sin el autógrafo que en vano intenté conseguirle.

Cuando mi abuelo falleció, heredé de él toda la colección de libros y revistas sobre fútbol que guardaba en su biblioteca. El doble volumen del ABC sobre el 75º Aniversario del Real Madrid, que se lo coleccioné yo, me volvió de vuelta de la forma en que nadie quiere que regrese. Como aquella camiseta de Brasil firmada y dedicada por Pelé que le conseguí en 2001. Pero se quedó sin el regalo más grande, sin el que más deseaba, sin la firma de Di Stéfano. Desde hoy, Manolo, se la podrás pedir tú. Por fin podrás conocer al más grande.

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Miguel Queipo de Llano

Estuve en Ámsterdam 98, París 00, Lisboa 14, Milán 16 y Cardiff 17; y además vi ganar 12 Ligas, 1 Copa del Mundo de Clubes, 1 Copa del Rey, 1 Supercopa de Europa y 9 Supercopas de España como espectador in situ. Por la tele han caído más. Y siempre con el señorío que me enseñaron los más grandes: Don Santiago, Don Alfredo, Juanito, Hugo Sánchez, Fernando Martín, Drazen Petrovic, Cristiano... Existen otros madridismos, y quizás mejores, pero el más divertido es éste.

@soymadridista

Sitio Web: www.soymadridista.com
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