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Sábado, 26 Diciembre 2015 17:58

Rascan, mamá

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26 de diciembre de 2015, Boxing Day. Esta tarde hemos asistido al enésimo ejemplo del deporte en el que se ha convertido al fútbol en estos primeros años del Siglo XXI. El Manchester United ha caído con estrépito ante el Stoke (2-0) y la cabeza de Van Gaal, entrenador de los rojos mancunianos, no es que esté en peligro, es que tiene el pescuezo aprisionado en el trangallo de la guillotina. Si sobrevive será exclusivamente porque el lunes 28D tiene otro partido. Ante el Chelsea. Otro equipo que acaba de pasar por las mismas.

Porque ambos equipos comparten destino: jugadores elevados a la máxima potencia comercial, que atan al club de pies y manos debido a los ingresos que generan fuera del verde, que se sienten por encima del escudo, que gracias a las contraprestaciones de las marcas que les patrocinan encuentran una nueva vía, directa e indirecta, para ser defendidos por la Prensa y que consiguen manejar al club como si fueran el dueño, el consejo de administración, el presidente o la junta directiva. Es lo que hay, y el fútbol ahora es así. Algunos lo llaman "falta de intensidad", cuando la intensidad es máxima, pero en cargarse al técnico: no son más que pequeños golpes de Estado disfrazados. Hasta que algunos comiencen a advertir que también pueden empezar a hacer lo mismo porque no les renuevan en los términos que ellos quieren y cargarse al que manda redondeando el golpe de Estado completo, algo para lo que falta poco, demasiado poco. Los directivos y ejecutivos se ven entre la espada y la pared porque no es, como señala el dicho, más fácil echar a uno que a 25. Ahora es que si echan a los 25 el club pierde un pastizal ingente en ingresos ya presupuestados, influyendo negativamente en su maniobrabilidad en el corto y medio plazo. Así que eso le da un poder extraordinario a los futbolistas, más del que jamás tuvieron.

Lo hemos visto esta temporada muchas, muchísimas veces. Lo hemos visto en el Valencia con Nuno, en el Chelsea con Mourinho, en el Liverpool con Rodgers, en el Lyon con Fournier; lo estamos viendo en el Madrid con Benítez, en el United con Van Gaal. De repente, la plantilla se encabrita (encabrona) con el entrenador y éste, antes o después, salta por los aires. De repente varias piezas del equipo, normalmente las de mayor lustre mediático, dejan de entregarse en el campo como hacían antaño. La solidaridad en el campo desaparece, no hay contundencia, claridad ni definición y equipos destinados a alcanzar cotas mayores, muy mayores, se pierden por el sumidero. Y no: cambiar de entrenador no arregla nada, aunque de repente aquel equipo comience a moverse, a velocidad de muñeca de Famosa pero a moverse, y a meter la pierna. Después de varios meses dedicándose a la buena vida, a entrenar poco y a competir aún menos, recuperar la línea para alcanzar los objetivos es algo prácticamente imposible en un espacio razonable de tiempo.

Es el fútbol del Siglo XXI, el que el aficionado ha querido, más preocupado por el corte de pelo de uno, el viaje de otro, lo bien perfilado que tiene el torso el de más allá o el "qué majo, cuánto quiere a su familia", como si ellos llevaran el pelo por las canillas, llamen "viaje" a ir al super o escupieran en el ojo a sus padres o hijos a diario. Las entidades valen un pimiento, después de haberse dejado comer la tostada por los futbolistas. Y hasta que no llegue el primer club que tenga los santos redaños de poner sobre la mesa el escudo, leído como el finiquito para todos los insurrectos aún a costa de pasar por unos años complicados en lo deportivo y en lo marquetiniano, dado que muchos huirán espantados porque su ídolo es impulsado a tomar las de Villadiego, nada cambiará. De momento, se conforman con "en verano nos cargamos a Fulano y ya verás cómo todos se quedan suavecitos como la seda". Pues no. Seguirán siendo cerdas de cepillo para peinar caballos. Rascan, mamá.

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Miguel Queipo de Llano

Estuve en Ámsterdam 98, París 00, Lisboa 14, Milán 16 y Cardiff 17; y además vi ganar 12 Ligas, 1 Copa del Mundo de Clubes, 1 Copa del Rey, 1 Supercopa de Europa y 9 Supercopas de España como espectador in situ. Por la tele han caído más. Y siempre con el señorío que me enseñaron los más grandes: Don Santiago, Don Alfredo, Juanito, Hugo Sánchez, Fernando Martín, Drazen Petrovic, Cristiano... Existen otros madridismos, y quizás mejores, pero el más divertido es éste.

@soymadridista

Sitio Web: www.soymadridista.com
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