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Jueves, 11 Agosto 2016 05:44

Letal

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El Madrid de ayer, el de mañana y el de hoy, es letal. Sí, como lo lees, letal. Un club venenoso, pernicioso, ofensivo y perjudicial para el resto. En una final, si tienes la mala -y más que probable- suerte de toparte con él, el resultado es más previsible que colocarse una pistola en la boca apuntando hacia el paladar y apretar el gatillo. La bala reventará tu nuca y manchará la pared que está detrás de ti. Una pared blanca, como la camiseta del Real Madrid. Un color que no engaña, inocente como un niño y "transparente como el aire que respira mi alma", ya que permite descubrir después de cada partido, sin mirar el resultado, cómo han ido las cosas.

Detrás de una de esas derrotas en las que se echa de menos el rubí del fútbol, es decir, la actitud, se esconde una camiseta más pulcra que la casa de mi abuela. Ahora bien, detrás de victorias como la del martes, en la que precisamente sobra rubí y se corre incluso con pantalones de pana mojados, la camiseta ni siquiera se molesta en esconderse y muestra a todo el mundo como ha bajado al barro para teñirse de verde militar tras -haciendo gala a ese tono verdoso en concreto- pelear y luchar por su ejército.

Hay aficionados que se enorgullecen de una forma de jugar y el simple movimiento del balón en distancias cortas, de bota a bota y tiro porque me toca, erige sus botoncillos eréctiles que sobresalen de sus pechos. Ahora bien, en mi caso, lo que verdadera y únicamente erige mis sentimientos y emociones, es ganar. Y he de reconocer que últimamente mi equipo, cabezota y testarudo como nadie, está obcecado en erigirme, tocar techo y mirar, cada día que pasa, un poquito más arriba del olimpo en el que ya se encuentra. Un olimpo desde el que comienzo a entender como tantos y tantos predicadores con ojitos de cordero degollado siguen empeñados en evangelizar que lo más importante del deporte no es ganar, sino participar.

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Eloy Lecina

El mundo necesitaba a alguien que hiciera que las letras se concediesen bailes. Esa tarea me fue encomendada y para llevarla a cabo con éxito decidí sumergirme en un aprendizaje constante. Barcelona es mi escuela, el blog ‘Condenado a la Excelencia’ mi tutor y la chuleta que hace que el movimiento pélvico de las palabras sea seductor y fascinante, el Real Madrid. 

 

Sitio Web: condenadoalaexcelencia.blogspot.com.es/
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