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Jueves, 16 Marzo 2017 12:06

El legado inmortal de Xabi Alonso

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Mi cigüeña decidió dejarme en el nido un 31 de mayo de 1995 y hasta la temporada 2006-2007 no comencé a seguir al Real Madrid cada fin de semana. Era un niño, tenía cincuenta balones de fútbol que chutar, cien zapatillas que romper y mil pantalones por agujerear. Del parque a la cama y de la cama al parque. Por eso mi objetivo era jugar. No quería ver, sino hacer.

Sin embargo, a partir de esa temporada comencé a cogerle el gustillo a eso de ir a la Peña Madridista de Esplugues de Llobregat y celebrar goles, muchos goles. Fue la temporada del 'Tamudazo' e incluso tuve la suerte de estar en el Santiago Bernabéu, con 12 años, viendo aquel irrepetible Real Madrid-Mallorca que con su 3-1 cerró la Liga del Clavo Ardiendo. Así pues, comencé a ver un equipo campeón desde el principio.

Sin embargo, cuando miraba la sala de máquinas de ese conjunto tan ganador, año tras año sentía que se estaban riendo de mí. A mí me hablaban mucho de Redondo, pero mucho. Eso sí, yo cada partido tenía que ver a Gago. Ambos se llamaban Fernando, tenían melena y eran argentinos. Pero claro, los que veían jugar a Redondo disfrutaban más que en una playa del Caribe y yo, más desgraciado que un vendedor de paraguas en verano, tenía que aguantar cada tres días a Gago, que era como bañarte en la piscina municipal de mi pueblo, ¡y mira que lleva años sin una gota de agua!

Cuando se cansaban de explicarme cosas sobre Redondo, lo que incluso les provocaba tímidas erecciones, me decían que otro de los mejores centrocampistas que vieron en Chamartín tenía que atarse con una cinta su pene al muslo para evitar que le molestara cuando correteaba por el campo. Sinceramente, ¡me estaban hablando de un maldito superhéroe! Y claro, mientras yo me lo imaginaba planeando sobre Concha Espina utilizando su virilidad como una de esas escobas voladoras que utilizaba Harry Potter, delante de mí tenía a un Real Madrid que alineaba a los Diarra. Mahamadou y Lass, fusionados, no te hacen la tercera pierna de Claude Makélélé.

El 4 de agosto de 2009 llega Xabi Alonso al Real Madrid y todo cambia. Se plantó aquí, desempolvó la sala de máquinas y limpia como los chorros del oro, el equipo se convirtió en un mecanismo eficiente y eficaz. Tras un año desastroso con Pellegrini, Mourinho cogió al equipo y convirtió al tolosarra en su extensión sobre el campo, algo que también hizo Ancelotti cuando llegó al banquillo tres años después. Un futbolista descomunal. Manejaba al equipo a su antojo y hacía jugar tanto al que estaba a su lado como al que estaba en la otra punta. Una luz que hacía brillar a todas sus parejas de baile, desde los titulares (Khedira y Modric) hasta los suplentes (Casemiro e Illarramendi).

Se fue con Guardiola casi sin decir adiós, pero su legado permanece inmortal. Él labró un terreno en el que ahora hay jardines, columpios, camas elásticas, barbacoa y hasta una zona Chill Out. Ésta es su última temporada como futbolista profesional y ya estoy cogiendo los bajos del traje que utilizará para entrenar en un futuro próximo al Real Madrid.

 

 

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Eloy Lecina

El mundo necesitaba a alguien que hiciera que las letras se concediesen bailes. Esa tarea me fue encomendada y para llevarla a cabo con éxito decidí sumergirme en un aprendizaje constante. Barcelona es mi escuela, el blog ‘Condenado a la Excelencia’ mi tutor y la chuleta que hace que el movimiento pélvico de las palabras sea seductor y fascinante, el Real Madrid. 

 

Sitio Web: condenadoalaexcelencia.blogspot.com.es/
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