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Martes, 30 Abril 2013 19:38

RM 2 - 0 BDO: Faltó un gol... y un nueve

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Quien perdona lo acaba pagando y el Real Madrid, que salió como un cohete ante el Dortmund, desperdició sus ocasiones por falta de puntería y luego el arreó final no fue suficiente. No hubo remontada, no. Sin nueve no hay paraíso, no hay Wembley. La Décima tendrá que esperar, pero para que la espera sea corta Florentino y Mourinho deberían ponerse manos a la obra para fichar, ya mismo, un depredador del área. Porque con uno de ellos el Madrid estaría en Londres.

El ambiente eléctrico del Bernabéu, volcado con su equipo persiguiendo el sueño de Wembley, impulsó al Real Madrid en los primeros minutos de partido. El Dortmund, al que le temblaban hasta las canillas, veía pasar como aviones a los jugadores blancos, completamente sacados del césped ante la brutal intensidad exhibida por los madridistas en esos primeros compases. Todos los balones divididos caían del lado blanco y Di María, el que mejor pareció entender en qué consiste eso de las remontadas, fue un auténtico tabardillo para un Dortmund incapaz de frenarle.

Pero al Madrid, como viene acusando toda la temporada, anduvo sin puntería. En esos primeros 20 minutos, los de Mourinho dispusieron de tres ocasiones claras para adelantarse en el marcador, pero las tres fueron desperdiciadas de manera increíble: Higuaín, Ronaldo (visiblemente tocado) y Özil, mano a mano con Weidenfeller, no atinaron con la red. Y si no marcas goles al fútbol no es que no remontes, es que ni siquiera ganas.

A partir de esos tres sustos, el Dortmund se ordenó en torno a un jugador impresionante: Gündogan. El turco alemán encontró su espacio en el centro del campo, le metió un par de marchas al asunto, se subió el equipo a las espaldas y comenzó a sentar cátedra. Porque su partido fue soberbio, cortando, oxigenando y comenzando a liderar las tímidas ofensivas borussers, aunque afortunadamente para el Madrid Götze se lesionó pronto y Lewandowski anduvo desaparecido.

Con el partido nivelado, el Madrid se volcó en Modric, el más entonado del equipo y el sostén del centro del campo. La efervesvcencia inicial hacía mella y el equipo andaba con la gasolina justa, pero tampoco sufría en exceso, con un Diego López atentísimo para llegar a todos los balones que el Dortmund buscaba a la espalda de los centrales blancos.

Quedaba el segundo tiempo tras el 0-0 al descanso, 45 minutos para la gloria. Pero la cosa comenzó torcida, porque las dos primeras ocasiones tras la reanudación, las dos clarísimas, fueron para el Dortmund, un remate desviado de Lewandowski con todo a favor y un larguerazo del polaco que sacó astillas del larguero de Diego López.

Mpu apretó, porque no quedaba otra. Se fue del campo un Higuaín que recibió una pitada al ser cambiado por Benzema y recolocó al equipo en defensa de tres metiendo a Kaká por Coentrao, buscando último pase para atravesar el centro del campo borusser. Pero los cambios no daban resultado: la lesión previa de Ronaldo dejó al Madrid huérfano de su buque insignia y Özil, desaparecido, no contribuía a que el Madrid llegara. Todo lo contrario: Diego López salvó al Madrid con un paradón estratosférico a disparo de Gündogan.

No había nada. Ni ideas ni fuerza sobre el campo. El Madrid era un boxeador groggy, pero no desfalleció en el intento pese a que no era su día y todas las señales indicaban que la remontada era imposible. Quedaba el arreón de la heroica, tirando de corazón pero sin cabeza ni piernas. Y no hubo manera. El Madrid creó alguna ocasión, pero menor, porque no atinó entre los tres palos ni una sola vez, mientras el Dortmund, cada vez más crecido según transcurrían los minutos, se sentía muy confortable sobre el césped.

Hasta que llegó el tramo final, donde Benzema y Sergio Ramos, por fin, consiguieron descerrajar la meta teutona. Siempre al final, siempre la épica, Diego López subiendo a rematar un córner. Para culminar la remontada sólo faltó puntería, la maldita puntería. Otra vez una final de Copa de Europa estuvo ahí, a tiro.

Son tres años seguidos cayendo en semifinales. Y, más allá de la desconexión brutal el Dortmund que acabó con el sueño de Wembley antes de tiempo, la lectura de esta campaña europea es clara: sin un nueve no vas a ningún lado. Y el Madrid necesita uno si quiere, algún año, optar de verdad a la Décima.

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Miguel Queipo de Llano

Estuve en Ámsterdam 98, París 00, Lisboa 14, Milán 16 y Cardiff 17; y además vi ganar 12 Ligas, 1 Copa del Mundo de Clubes, 1 Copa del Rey, 1 Supercopa de Europa y 9 Supercopas de España como espectador in situ. Por la tele han caído más. Y siempre con el señorío que me enseñaron los más grandes: Don Santiago, Don Alfredo, Juanito, Hugo Sánchez, Fernando Martín, Drazen Petrovic, Cristiano... Existen otros madridismos, y quizás mejores, pero el más divertido es éste.

@soymadridista

Sitio Web: www.soymadridista.com
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