Espérame en El Puerto, Jose

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“Miguelito, ¿cómo estás?”. No fallabas en ninguna llamada, y ahora no deja de repiquetearme en la cabeza. Cumpliste años, 72 según tengo entendido, el pasado 16 de febrero. Por aquel entonces ya llevabas 48 horas en la UCI del Hospital General Nuestra Señora del Prado de Talavera de la Reina (Toledo) a causa del COVID. Apenas once días antes habías ingresado en planta, junto con tu mujer, pero mientras que Merche superó al bicho, el puñetero se cebó contigo hasta que hoy, tras reventarte los pulmones, ha decidido que te vayas sin poder despedirte. José María Espinosa, en Twitter @josemaria_RM. Aunque al principio eras JoseMaria_EB. Descansa en paz.

No recuerdo bien cuándo te conocí. Primero fue a través de la red del pajarito. Aficionado blanco de pro, bien relacionado, extraordinariamente educado, vivías en El Puerto y tenías de vecinos veraneantes a madridistas de postín. En tu afán por defender al club, sin ningún tipo de contraprestación de ningún tipo, creaste una web llamada Foro Punto Pelota cuando apareció el programa de Pedrerol en Intereconomía. Por aquel entonces, Josep me llamó alguna vez que otra, y te debí caer simpático. Comenzamos a hablar, te invité a un porrón de podcast (cuando SoyMadridista hacía podcasts, qué tiempos) y acabamos quedando en vacaciones, cuando nuestras agendas lo permitían. La mayoría de las veces, para tomarnos unas cervezas en Vistahermosa, El Puerto de Santa María (Cádiz). Algunas con Currito Miralles, otro que se ha desvivido por ti esta mierda de días aunque tú no lo supieras. O tal vez sí. Otras, cuando venías al Bernabéu, cuando nos dejaban ir al fútbol.

Estrechamos una amistad fabulosa. No sólo eras un amigo, eras mucho más. Fuiste un apoyo poderoso en diversas etapas complicadas de mi vida personal y laboral, tanto que me conseguiste, aún no sé cómo, un excelente cliente que me duró seis años. Nos embolicamos en intentar rascar algo de lo de los jamones de Extremadura. Y con los caballos del ganadero. E imaginamos cómo darle salida al piso turístico de la Ribera del Marisco. Intenté ayudarte, dentro de mis limitaciones, cuando algunas circunstancias familiares te hicieron pasar algún mal ratillo. Y siempre sonreías. Siempre tenías una palabra amable. Siempre me tendías la mano o me la agarrabas si era yo el que te la ofrecía. Dejaste de fumar hace unos años, y eso me sirvió de inspiración para saber que yo también lo podía conseguir. Y lo hice. Aquella vez que nos recorrimos las Marismas del Guadalquivir por la Carretera de Plástico con tu mujer y mi chica, Teresa, buscando aquel bar donde tomarnos unas angulas y un arroz con ánsar, estaba recién destetado de la nicotina. No he vuelto a darle al pitillo. Ni a las angulas, pero eso prometo arreglarlo.

Me mandaste la foto que ilustra esta entrada el 31 de diciembre, a las 21:37, para celebrar el nuevo año. Un nuevo año que no verás terminar. Te tocó ir de El Puerto a Talavera a cuidar a tus padres, que te necesitaban. Una vida atrás. Tus padres no sobrevivieron a los dos últimos meses de 2020, y que te vayas tan pronto, cuando Merche estaba como loca por volverse al Sur del Sur, es una mierda, José María. Acabas de irte y ya echo de menos brindar contigo, tus nuevos covers de YouTube tocando el saxofón tenor y ése “Miguelito, ¿cómo estás?”. Hazme el favor y espérame en El Puerto. Por nosotros.

 

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Yo vi jugar a Del Bosque, así que llevo unos cuantos años yendo al Bernabéu. Socio desde 1986, mis recuerdos van ligados al Madrid del Di Stéfano entrenador, el de los cinco subcampeonatos, que me forjó en madridismo ante los malos tiempos, y al de la Quinta del Buitre, la poesía y las pelotas hechas fútbol. Desde 1996 dando la barrila en esto del periodismo deportivo, aunque hace años que es mi hobbie y no mi profesión.