La contracrónica: Otra tarde en el dentista… ¡y las que quedan!

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Si me llegan a decir que al mejor año de la historia del club le procede la mayor crisis deportiva y futbolística que le recuerdo al Madrid en mis 22 años de existencia, no lo quiero. Estoy dispuesto a “descelebrar” lo celebrado, a mear lo bebido, a tumbar lo saltado, a empujar lo abrazado, a apartar lo besado y a llorar lo reído. Estoy dispuesto a absolutamente todo, pero me niego a seguir ni un día más así.

Me niego, principalmente, porque este Madrid no está labrando el camino de la reconstrucción o la senda del cambio. Este Madrid, con Zidane poniendo palos en las ruedas del carro que maneja, sigue empeñado en que la solución al problema es reformular el problema, nunca resolverlo. Si el entrenador no toma decisiones, debe hacerlo el club. No solo porque está por encima de todo y de todos, sino porque como no tapone la herida, moriremos del todo.

Hoy el Madrid se esforzó, jugó muy bien en la primera parte e incluso alguno de sus jugadores estuvieron a un nivel altísimo. Varane y Nacho, por ejemplo. Pero el fútbol es muy primitivo, muchísimo. El fútbol es gol. Si no marcas, todo lo que haces antes no sirve para nada, salvo que seas un purista de pacotilla. Pero si lo haces, da igual el resto. Y yo, como todo hijo de vecino, quiero que me dé igual el resto. Pero no nos dejan. No nos deja nadie.

Llevamos desde el mes de septiembre acudiendo semana tras semana al dentista y nunca para que nos hagan una limpieza, sino para que nos arranquen en cada visita un diente de cuajo. Ahora mismo somos más feos que ‘El Cuñao’ y muchos siguen viéndose guapos cuando se miran al espejo. Muchos siguen viendo guapo a este Kroos, a este Marcelo o a este Cristiano.

Desde bien pequeño me han enseñado que es muy feo señalar y parece que no he aprendido porque lo acabo de hacer. Pero también me han enseñado en la vida que conformarse es de mediocres y que no mejorar, pudiéndolo hacer, es de auténtico imbécil. Y este Madrid, si corre y tiene ocasiones, se conforma; y teniendo alternativas en el banquillo y en el mercado, decide voluntariamente no mejorar. Así que llamadlo como queráis, pero llamadlo. No miréis para otro lado. Queréis al Madrid tanto como yo, así que no caigáis en el error de la complacencia. Este Madrid duele, no disimuléis más. El barco no lo es todo.

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Mientras intentas descubrir algo más sobre mí en estas líneas yo me ando paseando por algún lugar de Barcelona con el escudo del Real Madrid en el pecho. Desconozco si soy un valiente o un imbécil, pero me excita. Son tantos los que me miran mal como los que empatizan conmigo. Así que si algún día desaparezco que sepáis que o me han matado a palos o a besos. Y si eso ocurre… ¡Que nos quiten lo escrito y leído por aquí! Eso sí, ¿hablaréis bien de mí, no? ¡Más os vale!

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