FCB – RM: Siempre saludaba en el ascensor

Lopetegui se juega el puesto con Antonio Conte revoloteando como candidato a reemplazarle. El Madrid llega como víctima propiciatoria. Ni Cristiano ni Messi. Isco será titular y deja a Asensio en el banquillo

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Es como Halloween pero al revés: no es gente normal disfrazada de bicho sanguinario, sino una máquina de matar vestida de ese vecino que siempre saludaba en el ascensor. El Real Madrid, todavía de Julen Lopetegui pero habrá que ver hasta cuando, visita el Nou Camp (16:15, BeIn LaLiga) con una diana en la portería dispuesto a que los locales se la acribillen a goles. Es eso que los snobs tebasianos llaman El Clásico, pero que no es más que un ‘barçamadrí ‘de toda la vida, sin apellidos suramericanos que no le hacen falta.

Llega Lopetegui con la sombra de Antonio Conte (quien ayer formalizó la firma de su finiquito con el Chelsea, menuda casualidad lo mismo no tan casual) salpimentando el ambiente. El Madrid tricampeón de Europa ha dejado paso a un Madrid maniacodepresivo que no sabe si tiquitaquear o no, si eso de marcar goles sirve para algo o es mejor encajarlos, si ir a la presión o dejar que el equipo se alargue para dejar muchos espacios por muchas partes. Es una crisis de identidad en toda regla, algo propio de unos jugadores que se acuestan tras tomarse un vaso de leche con galletas y un valium tratando de buscar su lugar en el universo pero olvidándose de lo básico: pagar primero las facturas, porque sin pagarlas, ni universo ni gaitas. Las facturas aquí se llaman Liga, recuerdo.

Ese vecino derruido anímicamente es el que hoy visita el Nou Camp ante un Barcelona que tiene que probar ante los ojos de medio mundo que sin Messi también sabe jugar. El Madrid, que ya ha demostrado que el trauma postCristiano es una avería considerable y quizás el detonante de todos sus males, es capaz de cargar contra un batallón de zombies y salir airoso, pero hoy además de zombies habrá turistas sedientos de sangre. A ver qué sale de todo eso.

Lopetegui apostará por su 4-3-3 habitual cuando juega Isco, dándole al malagueño libertad para tirarse al costado izquierdo o para abrirse al centro por detrás de Benzema permitiendo las incorporaciones de Marcelo. Precisamente el lateral izquierdo será el termómetro real del equipo: si logra tener controlado a Coutinho podrá participar del juego ofensivo del equipo, con todo lo que eso supone. Si por el contrario su compatriota logra fijarle atrás, el Madrid tendrá realmente complicado sacar algo positivo de Barcelona.

Y todo ello además con las filtraciones interesadas desde los despachos del club poniendo a Lopetegui contra la espada y la pared. Todo lo que no sea ganar hoy, dicen, supondrá que el vasco sea fulminado ipso facto. A quien venga a reemplazarle, con todo apuntando a Antonio Conte, tendrá un estreno plácido, a priori: Copa contra el Melilla en la ciudad autónoma y partido de Liga en el Bernabéu contra el Valladolid. Una situación a priori indicada para acometer un relevo en el banquillo. Aunque para ello, el vecino que siempre saludaba en el ascensor debería seguir saludando en vez de cargarse al Barça delante de su público, claro…

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