RSO 3 – 1 RM: Sospechosos habituales

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Uno se imagina a Zinedine Zidane de espaldas en cuanto el árbitro pite el final del Real Madrid-Betis del próximo fin de semana (habrá que ver cuándo y a qué hora), sacando un encendedor Cartier de oro de su gabán, prendiéndolo y arrojándolo sobre un reguero de pólvora que finaliza en el vestuario local del Santiago Bernabéu. ¡Bam! Todo por los aires. Esa escena, protagonizada en Sospechosos Habituales por el personaje de ficción Kayser Söze pero en un barco, da título al enésimo fiasco del Real Madrid este curso, ahora en Anoeta. Derrota sin paliativos por 3-1, y otra vez sin más buenas noticias que las ganas de Brahim y de Vinicius. El resto, un campo que merece que se quemen los rastrojos.

No hay nada, absolutamente nada, de lo que fuera el tricampeón de Europa. Pero absolutamente nada. No hay ganas, no hay hambre, no hay ilusión, no hay chispa, no hay destellos de calidad. No hay nada. Tanto es así que uno ya se pregunta si Zidane realmente puede ser la solución de este disparate, si un puñado de fichajes y no veinte tíos nuevos podrán arreglar algo y, ay, si realmente Brahim y Vinicius prometen mucho o es que el resto es tan absolutamente vergonzante que destacan tanto que nos hacemos demasiadas ilusiones. Porque la culpa no es del malagueño y del brasuca, no. Es de los demás, que son sombras de lo que fueron.

No se salva ni uno. Nadie. Courtois parece un muñeco atado a un palo de futbolín, aunque paró un penalti horrorosamente mal lanzado por Willian José. Carvajal atraviesa otra de esas etapas en que se cree que es más madridista que nadie porque protesta más que nadie, en vez de dedicarse a jugar. Vallejo si no está lesionado comete torpezas de neófito, como el penalti que provocó su justísima expulsión en el minuto 39, y que hace pensar si tendrá más futuro como portero que Courtois. Nacho ya no es un seguro de vida, sino un defensa del montón. Marcelo ya sabemos el año que lleva.

Pero podemos seguir. Isco y Asensio han pasado de ser los Pichabrós a dos paseantes en los que no se atisba ni el menor rubor tras el mal año. Casemiro parece un carretón de mulos, y Kroos, desde que se tatuó, parece un tractor alemán con una pegatina en la que pone “Lamborghini”. Benzema, absolutamente desasistido, pone pausa y velocidad, pero es demasiado poco.

Con esos mimbres es imposible hacer un cesto. Modric, suplente tras un partido, el anterior, en el que no fue ni convocado, entró con 1-1 y se llevó dos goles a casa, lejísimos de un estado mediano de forma. Lucas Vázquez es objetivo del pimpampúm porque sus carreras son estériles si nadie acompaña y le ayuda a no mostrar sus carencias técnicas. Sólo, sí, Brahim y Vinicius, que corren, le ponen ganas, aprietan los dientes y tratan de agradar. Golazo del malagueño, desborde y hambre en los pocos minutillos del brasileño.

La Real no tuvo que hacer gran cosa para ganar el partido, porque este Madrid que espera el encendedor Dupont de Zidane se quema a lo bonzo en cuanto tiene ocasión. Marcó Brahim muy pronto, Isco falló una ocasión escandalosa ante Rulli… y el resto fue aprovechar los errores del Madrid. Primero uno gravísimo de concentración de Kroos y Casemiro que permitió empatar a los de Alguacil antes del descanso. Y tras el paso por vestuarios, dos cantadas de Courtois aderezadas con desidia de Marcelo en la primera, noquearon al Madrid más coral, que eso era lo que nos vendían. Y es verdad: todos, a coro, parecen horribles. Queda un partido. Que Zidane vaya encendiendo el mechero, porque aquí no se salva nadie: todos son sospechosos habituales.

 

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Yo vi jugar a Del Bosque, así que llevo unos cuantos años yendo al Bernabéu. Socio desde 1986, mis recuerdos van ligados al Madrid del Di Stéfano entrenador, el de los cinco subcampeonatos, que me forjó en madridismo ante los malos tiempos, y al de la Quinta del Buitre, la poesía y las pelotas hechas fútbol. Desde 1996 dando la barrila en esto del periodismo deportivo, aunque hace años que es mi hobbie y no mi profesión.