Historia del RMCF: El Madrid reserva y la Copa del 64

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Los capitanes del Zurich y el Real Madrid en el partido de vuelta.
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Con la transformación del deporte en espectáculo y, sobre todo, en negocio, estamos a punto de ver cómo las fechas de los torneos nacionales y europeos son alteradas para organizar un Mundial en el desierto, en un país con escasa historia futbolística pero sobrado de dinero. También hemos visto cómo alguna Liga extranjera ha sido capaz de aplazar partidos para que uno de sus equipos tuviera mas tiempo de descanso con el cual preparar sus eliminatorias europeas. Hoy vamos a recordar cuando todo esto no sucedía, cuando la competición era lo más importante y los calendarios nacionales y europeos iban cada uno por su lado y dejaban situaciones curiosas. Como aquella que obligó al Real Madrid en mayo de 1964 a enviar a un derbi madrileño de Copa al equipo reserva.

En abril de 1964, el Real Madrid vuelve a hacer historia consiguiendo en la penúltima jornada el cuarto campeonato liguero consecutivo ante el Sevilla, con un gol de Puskas a tres minutos del final del encuentro. Con un titulo ya zanjado, se apresta a encarar las semifinales de la Copa de Europa, donde tras derrotar en cuartos al Milan le toca enfrentarse al Zúrich. En la ida, en Letzigrund, el Madrid vence 1-2 con goles de Zoco y Di Stéfano, ante una multitud de emigrantes españoles que hacen del estadio suizo un pequeño Bernabéu. Antes del partido de vuelta, y con la Liga ya finalizada, inicia el Madrid el torneo de Copa ante el Indauchu, al que golea en la ida en Chamartin por un rotundo 7-0 con un equipo de suplentes. Goleada muy similar a la que se lleva el Zúrich en la vuelta, cayendo por 6-0: el Madrid se clasifica para la final de Viena por la puerta grande.

Un once tipo del Real Madrid en 1964.

Con veinte días por delante hasta la final de la Copa de Europa, los merengues tienen una buena piedra de toque de preparación con las siguientes eliminatorias de Copa. Miguel Muñoz da descanso nuevamente a los titulares y a Bilbao viaja el equipo suplente, que derrota 2-3 al Indachu. En octavos toca la Real Sociedad, equipo al que los madridistas logran derrotar con mas suerte que juego en la ida, gracias a un penalti de Di Stéfano en el Bernabéu. El equipo, mezcla de titulares y suplentes, se estrella ante la portería vasca flotando en el ambiente la sensación de que en la vuelta tocará sufrir. Tres días mas tarde, Muñoz vuelve a sorprender y saca nuevamente un equipo reserva que es inferior a la Real Sociedad durante casi todo el partido. Sin embargo, un pase de Yanko a Pipi Suárez lo intercepta Astigarraga quien aloja sin querer la pelota en su propia meta, subiendo el 0-1 al casillero que a la postre seria definitivo y daría el pase a los cuartos al Real Madrid.

Como el calendario de cuartos deparó un derby madrileño a jugarse los días 23 y 31, teniendo entre medias el 27 la final de Viena, el Madrid se dirigió al Atlético para aplazarlos para después de la final. Los rojiblancos se negaron al cambio. Por un lado, aducían que el partido en el Metropolitano, la vuelta, pasaría a jugarse con este cambio entre semana en lugar del domingo, por lo cual la taquilla se resentiría; y por otro lado, veían que si se tenía que jugar un partido de desempate antes de las semifinales, el equipo que pasara a la final estaría muy cansado al jugar tanto partidos seguidos.

El Atleti sabia que el Madrid podía sacar un equipo A y B en condiciones, mientras que ellos no disponían de un equipo reserva con garantías. El Madrid propuso incluso cambiar el orden de los partidos, para que la taquilla del festivo fuera en el campo rojiblanco o incluso hacer una bolsa común con ambas taquillas, pero los rojiblancos sabían que la Copa era su gran objetivo y no querían dar ninguna ventaja a los madridistas. Pese a la negativa la directiva madridista no se lo tomó a mal y como bien dijo el gerente blanco: “¿Disgustados con el Atlético? No, por Dios; nosotros no podemos disgustarnos nunca con ellos”. Eran otros tiempos, claro.

Si los rojiblancos tenían su objetivo número uno en la Copa, los madridistas hacían lo propio con la Copa de Europa. Miguel Muñoz no dudó un instante y, el mismo día del partido de ida ante los rojiblancos, embarcó en Barajas con el equipo titular rumbo a Viena, dejando a su mano derecha, Moleiro, como entrenador titular del Real Madrid reserva que jugaría por la noche ante el Atleti. Moleiro había sido jugador blanco en los años 40 y cuando se retiró siguió ligado al club en labores técnicas hasta que se incorporo como segundo entrenador de Miguel Muñoz, en un tándem que duraría catorce años. Moleiro era un hombre de la casa, similar a Luis Molowny y Ramon Grosso en años posteriores. Para quien quiera saber más sobre este jugador y entrenador escribí hace unos meses un reportaje reivindicando su figura como entrenador oficial del primer equipo, ya que dirigió seis veces al Real Madrid en partidos oficiales y siempre se obvia su nombre en todos los registros de entrenadores, incluso por parte del propio Real Madrid.

El tándem Miguel Muñoz-Moleiro, catorce temporadas dirigiendo al Real Madrid.

Mientra que los titulares descansaban en Viena, los suplentes cumplieron su papel con creces hasta el punto que el entrenador rojiblanco dijo que el equipo titular no lo hubiera hecho mejor. Moleiro saco de inicio a Araquistain, Miera, De Felipe, Casado, Felo, Echarri, Serena, Pipi, Yanko, Grosso y Bueno, quienes dieron una grata sorpresa a la hinchada blanca hasta el punto de ponerse 2-0 en el marcador mediada la segunda parte, con goles de Serena y Pipi Suárez. Sin embargo el Atleti tiro de oficio y logro empatar con sendos centros de Jones para que marcara primero Ramiro y posteriormente Luis Aragonés, en un gol que protesto muchó la parroquia blanca por un presunto fuera de juego que señalo el linier y al que arbitro no hizo caso. La apuesta de Muñoz no salió mal y Moleiro cumplió sobradamente con el equipo reserva, dejando todo abierto para el partido de vuelta.

La historia de la final de Viena ante el Inter es de sobra conocida, y aquí ya la tratamos hace unos meses, en el partido que a la postre seria el ultimo oficial de Alfredo Di Stéfano con la camiseta blanca. La vuelta a Barajas fue casi de incógnito y es que tan solo media decena de periodistas y fotógrafos, unidos a los familiares de los jugadores, recibieron a los madridistas. Para el partido de vuelta en el Metropolitano, Muñoz prescinde de Di Stéfano, Puskas y Muller, este último por ser extranjero y no poder jugar la Copa, presentando sobre el césped a Araquistain, Miera, Santamaria, Pachin, Felo, Amancio, Zoco, Pipi, Yanko, Grosso y Gento. Jugado como si fuera una final, el partido tuvo plena emoción amen de ser muy igualado. Glaría adelantó a los rojiblancos en la primera parte, con un asedio por parte local tremendo logrando que Araquistain hiciera un partidazo, al pararlo todo. El Madrid se planteó en la segunda parte el rol del contraataque, consiguiendo Amancio el empate a poco para el final y casi la victoria con un balón que envió al palo. Finalmente, con el 1-1 se llegó al final, lo que llevaba a tener que jugarse un partido de desempate. El Madrid pidió que se jugara en Madrid sorteando el estadio entre ambos vecinos, el Atleti demandó jugar en Valencia ya que el vencedor tendria que jugar la ida de semifinales allí ante el conjunto ché y así seria mas cómodo, mientras que la Federación decidió finalmente en primera instancia que el partido se jugaría en Barcelona. Al no tener mucho sentido, finalmente imperó el sentido común y se decidió que seria en Madrid, saliendo elegido el Metropolitano mediante sorteo.

El gol de Amancio en el Metropolitano.

Para el envite definitivo, Muñoz salio con Araquistain, Isidro, Zoco, Pachín, Santamaría, Miera, Pipi, Gento, Grosso, Yanko y Amancio. El tercer partido trajo un escenario opuesto al anterior, siendo los blancos los que jugaron mejor y pusieron a prueba al meta rojiblanco. Sería a mediados de la primera parte cuando un fallo de Griffa en defensa permite a Grosso plantarse solo ante Madinabeytia, al que regatea y marca a puerta vacía. Para disfrute de la hinchada madridista marcaba el canterano blanco, quien en Liga había estado cedido con los rojiblancos y había colaborado en ayudar a que estos no descendieran. Chascarrillo éste que durante muchos años se escuchaba en las tertulias futboleras en el Foro.

La alegría no duró mucho, y es que un penalti de Santamaría a Cardona en una jugada sin peligro, pocos minutos después, hizo que Collar empatara el partido. En la segunda parte llegó la jugada que benefició a los rojiblancos: Rives y Pachín se enzarzaron a golpes y Ruiz Casasola mando a ambos a la calle. El Atleti perdía a un hombre de ataque pero no de los de mas incisivos, mientras que los madridistas tenían que reorganizar la retaguardia sin uno de sus puntales. A falta de diez minutos, una gran jugada de Calleja era rematada por Mendoza, a la red sentenciado el partido y la eliminatoria. Con el pitido final se cerraba la temporada para el Real Madrid al mismo tiempo que se ponía fin a un ciclo con la salida de Di Stéfano del club, dejando para la historia la época más exitosa hasta ese momento.

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Yo vi jugar a Del Bosque, así que llevo unos cuantos años yendo al Bernabéu. Socio desde 1986, mis recuerdos van ligados al Madrid del Di Stéfano entrenador, el de los cinco subcampeonatos, que me forjó en madridismo ante los malos tiempos, y al de la Quinta del Buitre, la poesía y las pelotas hechas fútbol. Desde 1996 dando la barrila en esto del periodismo deportivo, aunque hace años que es mi hobbie y no mi profesión.